martes, 1 de mayo de 2007

”De Ires y Venires” Estudio desde trayectorias errantes.

Bernarda Labarca Lira
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Trabajo de Investigación Dirigido por el Dr. Joan Pujol

Universidad Autónoma de Barcelona
Programa de Doctorat en Psicologia Social
Departament de Psicologia de la Salut:
Psicologia Social
Facultat de Psicologia

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Septiembre del año 2000
2.3 Sobre la Pulsión de Errancia, la circulación, la noción del extranjero y otras figuras de las ciudades modernas.
En la actualidad por lo general se representa las migraciones como un fenómeno anómalo que rompe con la tendencia supuestamente normal a permanecer en el lugar donde se ha nacido “los agrupamientos humanos se representan a través de metáforas fitomórficas que subrayan la fijación y el enraizamiento de las poblaciones en un determinado territorio o comunidad . Esta conceptualización está estrechamente relacionada con la construcción de los Estados-nación, en los que se identifica sociedad nacional, territorio y cultura. En este contexto se explicaría la preocupación incluso la alarma social que despiertan en estos días los procesos migratorios. No obstante, las migraciones no son un fenómeno reciente ni anómalo, sino que su novedad radica en la forma que adopta y el valor y el trato que se le da.” (Santamaría,1999:212).
Revisamos en este apartado una serie de teorías que hablan acerca de una tendencia al movimiento que se ha generado en todas las sociedades y que nos sirve en este trabajo para ver los desplazamientos humanos no como fenómenos a observar o como patología social a resolver, sino como parte de la dinámica de estructuración de las distintas comunidades de ciudadanos.
El tema de los desplazamientos y flujos humanos ha estado presente desde los principios de nuestra civilización. Con diversos y cambiantes acentos hemos pasado por alternancias y yuxtaposiciones entre el movimiento y el asentamiento, entre el ser nómades y/o el estar sujetos a una sola tierra.
La historia de los pueblo nómades ha sido utilizada para encontrar en esas existencias transitorias algunos fundamentos para entender cierta condición histórica en relación a los flujos humanos.
Desde la aparición de las primeras sociedades recolectoras y cazadoras, la especie humana se ha caracterizado por grandes y continuos desplazamientos, un hecho que ha llevado a autores como Kubat y H.J Hoffmann-Nowotn (1981) a invertir la reflexión de las ciencias sociales de preguntarse acerca del porqué algunos emigran, sino por qué no lo hacemos en mayor proporción.
Entre algunos pueblos nómadas como los árabes y los recabeanos con quiénes mantenían relaciones los israelitas, estaba prohibido legalmente poseer tierras o edificarse una casa...el hecho de que un individuo fijara sus intereses en un lugar determinado, sería el principio de su separación de la tribu errante...aquí la forma de vida que consiste en permanecer desvinculado de todo espacio, expresa aquí la unidad sociológica del grupo, como lo hace en el caso contrario la vinculación en el espacio. (Simmel, 1908/1977: 719)
Tratar el tema de los flujos y circulaciones humana a través de los tiempos nos permite situarnos en una perspectiva histórica que sirve para comentar y criticar las imágenes construidas sobre la inmigración hoy en día; imágenes que, generalmente, se configuran a través de unos pocos lugares comunes una y otra vez reiterados .
Si bien en un momento el estudio de este devenir humano estuvo vinculado al trabajo de antropólogos y sociólogos, se ha reactivado una utilización del nómade como imagen y metáfora, que sirve para entender los procesos que acontecen en contextos de la Sociedad de Información.
Revisamos entonces los apuntes que realiza Mafessolli M. a través de una especie de matafisica sociológica en “Du Nomadisme Vagabundages Iniciatiques”(1997), en la que se retoman algunos temas de su trabajo anterior , en la labor de abrir sentidos sobre ciertas colectividades “errantes” que caracterizan estos tiempos. Según la tradición de este autor se intentan develar ciertos aspectos de la centralidad subterránea, imaginario o inconsciente colectivo, en este caso a través del concepto de la pulsión de errancia como catalejo para analizar algunos devenires actuales.
Nos interesa definir y dialogar con este concepto en tanto abre la posibilidad de reencontrarse con ciertos escenarios abiertos a los desplazamientos y a los movimientos no solamente a nivel de imaginario colectivo , sino también como es el caso del tema que nos motiva, que son las acciones de movimiento y desplazamiento que constituyen los diferentes tipos de migración.
La “pulsión de errancia” es considerada como un aspecto constitutivo de los sistemas sociales y que cumpliría diversas funciones, como la de flexibilizar las estructuras funcionales de producción. Las diversas obras de Michael Foucault se han encargado de mostrar cómo todo lo que concierne a la producción, a las costumbres, a la salud, a la educación, a la vida sexual y todo lo que en resumen se ha denominado como social, se ha logrado por la vía de domesticar a las masas poniéndolas a trabajar y asignándoles una residencia. (Foucault en Maffesoli ,1997:21).
Esta especie de proceso de domesticación producido por un poder que se ha tornado cada vez más abstracto, puede ser comprendido a través del desplazamiento del nomadismo hacia la sedentaridad. Durkheim en esta misma línea ya remarcaba en los años 20, cómo la especialización propia de las sociedades modernas, crea un bloqueo de la circulación social.
Sin embargo lo que nos interesa resaltar en este capítulo es también la otra cara de esta especie de encierro del ser humano sobre las que se han fundado algunas civilizaciones actuales. Existen numerosos ejemplo de “vectores de fuga” del arraigo al territorio que, a través de sus trayectorias de vida, han logrado desprenderse de los amarres con las comunidad de procedencia originaria. Nos referimos por ejemplo a los hippies de los años ‘60, a los vagabundos de todos los tiempos, a los travellers actuales, y las miles de historias de vidas que han construido sus vidas alrededor de los desplazamientos terrestres. La “circulación” es la cara contraria al “encierro” que intenta ordenar los sistemas sociales modernos, y aún teniendo características desordenadas, no deja nada ni nadie indemne, penetrando en los dominios políticos, ideológicos, profesionales, afectivos y culturales.
Además esta circulación real en la actualidad ha tenido un aliado estratégico que se constituye a través del desarrollo tecnológico. Los diversos recursos como Internet, otras redes electrónicas, la televisión y las autopistas de la información, ”más allá del bien y del mal”, permiten vivir en tiempo real y sobretodo colectivamente experiencias culturales, científicas, sexuales y religiosas que constituyen la existencia cotidiana de miles de personas en las ciudades modernas.
Para Maffesolli “la errancia” es entonces un aspecto fundador de todo ensamblaje social, que traduce tanto la pluralidad de la persona como la duplicidad de la existencia. Expresa igualmente, la revuelta, violenta o discreta contra el orden establecido y da una buena clave para comprender el estado de rebelión latente en las jóvenes generaciones que, según él, se ha comenzado a sufrir y a entrever y sobre el cuál no pueden medirse sus efectos.
“Le désir d’errance est un des pôles essentiels de toute structuration sociales. C’est le desir de rébellion contre la functionnalité, contre la division du travail, contre une très grande spècialisation faisant de tóut un chacun un simple rouage dans la mécanique insdustrieuse que seraít la societé... La errance, de ce point de vue, serait l’expresion d’un autre rapport à l’autre et au monde, moins offensif, plus caressant, quelque peu ludique et bien sûr tragique, reposant sur l´intuition de lìmpermanece des choses, des êtres et de leur relations”

Estas nociones permiten la apertura hacia nuevas formas de experimentar no solo los arraigos o desarraigos con la zona de procedencia, sino también a cambiar la visión sobre las nuevas pautas de vinculación colectiva que se producen y reproducen en esta civilización. En su obra anterior, “El tiempo de las tribus” Maffesoli define una dinámica de relación sociabilidad postmoderna a través de la descripción de una multiplicidad de experiencias, de representaciones y de emociones cotidianas frecuentemente mal comprendidas. Según el autor, se explican muchos de los nuevos procesos sociales a través del surgimiento del individualismo, frente a lo cual este autor trabaja con la noción de tribu que sería como la última metamorfosis del vínculo social y que contradice a los teóricos del individualismo y del narcisismo como Lypovesky. La noción de tribu remite al resurgimiento de valores arcaicos, particularismos locales, acentuación espacial, religiosidad, sincretismo, narcisismo de grupo en los que el denominador es la dimensión comunitaria. Estas comunidades emocionales que buscarán reactualizar el ideal comunitario de su barrio o su cuidad, colectividades que según Maffesoli no están definidas solamente por la ubicación espacial, pues ciertos grupos utilizan todos los recursos de los nuevos medios de comunicación (microordenadores, minitel, internet) para formar tribus virtuales en las que la interacción cara a cara y la copresencia física no son siempre obligatorias. Estas comunidades afectivas serían mas volátiles, mas efímeras, en las que cada persona guarda su autonomía y es libre de extraerse de ellas cuando mejor le parezca y se sitúan de manera poco definida todavía, en la tensión entre la comunidad tradicional y la agregación moderna.
Estas formas de relaciones sociales se conectan con el concepto del “nomadismo” en el sentido de que lo que les vincula no está únicamente determinado por la necesidad económica o la simple funcionalidad. Durante la revisión del libro hay una apartado que relata que el móvil de estos movimientos tendría que ver con un deseo de evasión que contribuye a una idea de la pulsión migratoria que incita a cambiar de lugar, de hábitos y de pertenencias para realizar diversas facetas de la personalidad. Para fundamentar estas afirmaciones se colocan como ejemplo los numerosos desplazamientos que se realizaron durante la Edad Media que quizás por el hecho de vivir el oscurantismo, se caracterizó por ser una de las épocas de máxima circulación en Europa: “La confrontación con el exterior, con lo extraño y el extranjero es lo que permitió al individuo medieval vivir esta pluralidad estructural que permanece adormecida en cada uno. Una suerte de nomadismo fue capaz de crear un imaginario colectivo global“(Idem: 47-48).
Desde este mismo razonamiento es posible visualizar una trayectoria de la historia de las ciudades como sistemas en constante proceso de apertura y cierre: la separación y la unión se constituyen en un acto estructurante, haciendo que se pueda aspirar a la estabilidad de las cosas a la permanencia de las relaciones, a la continuidad de las instituciones y que al mismo tiempo se desee el movimiento, se busque la novedad del afecto, y se rompa lo que parece demasiado establecido.
“Parecemos estar organizados en torno a un “enraizamiento dinámico”...somos de un lugar, hemos crecido a partir de ese lugar, de esos vínculos pero por esto mismo es necesario que estos lugares sean realmente o fantasiosamente negados, traspasados, transgredidos. Se trata de un sentimiento trágico de la existencia : nada se resuelve en el adelantamiento sintético, todo se vive en la tensión de la incompletitud permanente”(Idem: 72)


Si bien Michel Maffesoli escribe como lo decíamos desde una especie de metafísica de la sociología que, en la cita anterior muestra en todo su esplendor, no estamos de acuerdo en que esto sea un pensamiento trágico de la vida, sino que son justamente las contradicciones entre distintos aspectos de la existencia, el motor vital . La construcción de un sujeto social complejo producto de la pugna entre fuerzas contradictorias, es lo que interesa como punto de vista para dialogar con las experiencias que vive el extranjero.
Por esto el concepto de pulsión de errancia, que constituye el imaginario colectivo, compromete también una visión crítica frente a los mecanismos de control que supuestamente refuerzan el arraigo y la sedentaridad a través de dispositivos legales como la Ley de Extranjería.
Estamos seguros de que la creación de líneas de fuga de estos sistemas sedentarizadores y excluyentes ha estado presente desde los inicios de nuestra civilización y que las personas que han decidido desterritorializarse de sus países de origen para iniciar una vida en otro territorio cumplen funciones importantes tanto en las sociedades que abandonan como en las comunidades donde deciden venir a instalarse, las que aunque materialmente hayan vuelto a territorializarse en una tierra ‘otra’, han devenido extranjeros.

2.4 Apuntes sobre el extranjero: ¿nómades, inmigrantes...?
Retomamos en este apartado las pretensiones que recogíamos en la presentación del trabajo de tomar las particularidades que debe enfrentar el extranjero en la configuración de sus identidades. Cuando se es extranjero la primera interpelación es sobre la procedencia. La identidad entonces tiene un anclaje fundamental con lo que es el país de procedencia acerca del cual se construye un discurso que se relaciona íntimamente con una nueva subjetividad que responde a este contexto existencial. Un segundo eje de la construcción del sujeto extranjero tiene que ver con la alteridad, es decir, con considerarse fuera de una comunidad y/o en los bordes de dos culturas que se interceptan a través de su experiencia.
En esta punto conviene reflexionar acerca de las definiciones que construye George Simmel (1908/1977) que considera la figura del extranjero como una hipótesis peculiar de la alteridad. El extranjero es el que está simultáneamente cerca y lejos: lejos no implica necesariamente una distancia geográfica o cultural, sino mas bien el paso de frontera. Si la emigración, en cuanto significa la no vinculación a un punto del espacio, que posición opuesta a la sedentareidad, la forma sociológica del “extranjero” representa, en cierto modo, la unión de ambas determinaciones, revelando también que la relación con el espacio no es mas que la condición por una parte, y el símbolo por la otra, de la relación con el hombre. El extranjero es quien se ha fijado dentro de un determinado círculo espacial, pero su posición dentro de él depende escencialmente de que no pertenece a él desde siempre y de que trae al círculo cualidades que no proceden ni pueden proceder del círculo...La unión entre la proximidad y el alejamiento, que se contiene en todas las relaciones humanas, ha tomado en su figura una forma que pudiera sintetizarse de este modo: normalmente la distancia dentro de la relación, significa que el próximo está lejano, por el contrario en el caso del extranjero la distancia significa que el lejano está próximo. Esta ocasionalmente en contacto con todos los elementos del grupo, pero no se liga orgánicamente a ninguno por la fijeza del parentesco, de la localidad, de la profesión. Como no se encuentra unido radicalmente con las partes del grupo o con sus tendencias particulares, tiene frente a todas estas manifestaciones la actitud peculiar de lo “objetivo”, que no es meramente desvío y falta de interés, sino que constituye una mezcla de cercanía y distancia, de indiferencia e interés.
La proporción de proximidad y alejamiento que presta al extranjero, la nota de esta objetividad, que halla otra expresión en el carácter abstracto de la relación que se mantiene con él. Con el extranjero sólo se tienen en común ciertas cualidades de orden general, en cambio con las personas que están ligadas de manera orgánica se mantiene una relación sobre diferencias comunes frente a lo puramente general. A medida que los elementos comunes tienen un carácter más general, el calor de la relación creada por ellos se convierte en frialdad y deja paso a un sentimiento de que esta relación es casual: las fuerzas fusionantes han perdido su carácter específico, centripetal. Esta constelación tiene en la relación con el extranjero, un predominio extraordinario sobre las comunidades individuales, que se dan entre los elementos. El extranjero nos es próximo en cuanto sentimos que entre él y nosotros se dan igualdades sociales, profesionales o simplemente humanas, en cambio nos es lejano en cuanto que esas igualdades están por encima de ambos, y solo nos ligan porque ligan asimismo a otros muchos. En este sentido se deslizan hasta en las relaciones mas intimas un matiz de extrañeza. Las relaciones eróticas, en el estadio de la primera pasión rechazan las ideas de generalización. Los enamorados creen que no ha habido nunca un amor semejante y ni la persona amada ni el sentimiento que inspira le parecen comparables con nada.
El extranjero es un “miembro del grupo” que como tal está al mismo tiempo próximo y lejano. Esto procede de que las relaciones se basan en la igualdad general humana. Pero entre los dos elementos se produce una tensión particular, porque la conciencia de no tener de común mas que lo general, hace que se acentúe especialmente lo no común. De aquí que en el caso de los extranjeros por nacionalidad, ciudad o raza, lo que se ve en ellos no es lo individual, sino la procedencia extranjera, que es lo común a muchos extranjeros.
A pesar de estar adherido al grupo de un modo inorgánico, el extranjero constituye un miembro orgánico del grupo cuya vida unitaria encierra la condición particular de ese elemento a saber, una cierta proporción de proximidad y de alejamiento, que caracteriza la relación específica y formal con el extranjero.
Por otro lado, se discute en la obra de Deleuze y Guattari(1980) que existiría una diferencia fundamental entre la posición del migrado y la del nómade. Se piensa que “El nómada no debe confundirse con el migrante, pues el migrante va fundamentalmente de un punto a otro, incluso si ese otro punto es dudoso, imprevisto o mal localizado. Pero el nómade sólo va de un punto a otro como consecuencia y necesidad de hecho: en principio los puntos son para él etapas en un trayecto. Los nómades y los migrantes pueden combinarse de muchas maneras, o formar un conjunto común, no por ello dejan de tener causa y condiciones muy diferentes.”
Según lo señalado en el apartado anterior se defiende la posición de enunciación del extranjero como más cercana a las coordenadas del nómade, en tanto se espera encontrar en su figura esas particularidades que podríamos acercar al concepto de “líneas de desterritorialización” de Deleuze y Guattari (1980:385) , según las cuales genera y se construye a través de movimientos que lo acercan y a la vez le alejan del colectivo en el que se sitúa. Es justamente esta dinámica la que sostiene su subjetividad y a la vez la que le da una función en el grupo que lo requiere como un miembro necesario para la formación de una identidad.
También se ha tomado la historia de los pueblos nómades, como metáfora que da cuenta de la posibilidad de desplazarse, construyendo siempre múltiples lugares desde donde construir conocimiento en la dinámica de entrada y salida, entre el estar en ningún sitio y estar en todos a la vez. De estos trabajos queremos referenciar el capítulo sobre el tratado de Nomadología de Mil Mesetas (Deleuze, y Guattari, 1980) en el que se retoman los campos de la ciencia y la epistemología como lugares para construir formas nómades de replantearlas.
Esta posibilidad que se construye a través de la experiencia de los extranjeros y que en este estudio se traduce en los textos elaborados acerca de errancias, nomadismos y otras formas de relacionarse con el territorio, coincide con la posición epistemológica con la que trabajamos en este estudio en el que se explicita desde el lugar relativo y parcial desde donde se da a conocer una realidad y que reconoce como punto fundacional la posibilidad de desmarcarse del punto de partida como única forma de construcción de conocimiento.
Por ahora lo que nos interesa es tomar algunos textos, que siendo construidos desde esta perspectiva epistemológica que señalábamos recién, aportan también con conceptos y detalles importantes sobre lo que han sido las historias y los distintos enfoques mediante los cuales se han tratado los temas que nos interesan.
Sin embargo, es necesario hacer una diferenciación respecto a cómo se están utilizando las imágenes de territorialización en cuanto relación con el territorio de estos dos agenciamientos. La metáfora del nómada puede ser utilizada en varios sentidos uno de las cuales es visualizarlo como un “vector de desterritorialización”, una trayectoria que tiene un punto de partida pero que no se detendrá jamás entre territorio y territorio. En este punto queremos insistir en hacer una diferenciación con lo que hemos revisado respecto a las concepciones dominantes de construcción del fenómeno migratorio.
Por esto consideramos que así es posible concebir que los textos que revisaremos mas adelante construidos desde algunas “trayectorias errantes” se relacionan con la perspectiva del extranjero que señalábamos siguiendo de Simmel y no con la del “fenómeno de la inmigración”. Justamente es esta perspectiva la que permite un acercamiento diferente frente al tema de la construcción de identidades y de sujetos colectivos como la “inmigración no comunitaria”.
Esta relación de proximidad y lejanía con el espacio que es condición y posibilidad de las relaciones que se tienen con las personas desde la experiencia de ser extranjero, tienen que ver a su vez con las relaciones de pertenencia a la ciudad que están determinadas por la adscripción a determinados espacios en los que se convive. En la medida en que se toma contacto con el extranjero en los espacios públicos que se disponen para el encuentro, este comienza formar parte de la estructura de la ciudad.
Lo importante es tener en claro que la figura del extranjero ha jugado funciones muy diferentes según épocas y sociedades lo que nos sirve para comparar con lo que sucede en el presente y así comprender mejor los cambios culturales que se suceden en los paisajes de las ciudades que nos toca recorrer. Existen ciudades que han asimilado al extranjero, sin que este deje de ser extranjero, sabiendo aprovechar la ambigüedad social y política y simbólica asociada a su figura para dotarle de funciones sociales relevantes. Desde aquí se les han otorgado funciones de prestigio, funciones médicas, económicas, políticas, se han creado incluso vínculos de parentesco ficticio, etc. A través del valor y la función que se le da al “otro”se puede caracterizar una cultura y, en relación a ésta, la capacidad o incapacidad de asumir el relativo caos que esto pueda comportar. (Santamaría 1988) En algunas culturas las conductas que se alejan de la “normalidad” son aceptadas otorgándoles funciones de alteridad. En nuestra cultura lo que se representa como transgresión o que se relaciona con la extraño, conlleva inmediatamente a una intervención sobre ello, una intervención que realizada por expertos de todo tipo “soluciona siempre la alteridad como un problema”.

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