jueves, 20 de diciembre de 2007

Vida del Mapuche en la ciudad


Por G. Lincolao

El proyecto de este pequeño artículo es entregar una visión de la vida del Mapuche en la ciudad, fundamentalmente en la realidad capitalina: Santiago.

Un gran porcentaje de Mapuches, por razones económicas, tienen que emigrar a los grandes nucleos urbanos (sobre todo la capital, Santiago) de Chile. ¿Cual es su realidad? ¿Sus formas de vida? ¿Cual es su comportamiento?

Indudablemente que el conjunto de todas estas interrogantes, muchos Chilenos lo desconocen. El Mapuche a partir del momento que sale de sus reducciones entra de golpe a una forma de vida que le es desconocida, y encuentra una escala de valores sociales que no corresponde en absoluto al suyo. Incluso muchos de ellos ni siquiera saben hablar el Castellano o apenas lo balbucean.

Esta primera etapa de asimilación de una nueva cultura y la integración a una nueva vida, es dura y complicada, la sociedad que encuentra no le acepta y busca todos los medios para expulsarle o marginarle. Es difícil comprender esta realidad y muchas veces se niegan estas situaciones. Los Mapuches esencialmente forman parte del subproletariado. La gran mayoría son obreros panificadores, a veces obreros de la construcción o de la pequeña o mediana industria. Las mujeres, empleadas domesticas y en casos minimos obreras. Es bueno señalar de paso que los obreros panificadores, son uno de los sectores mas explotados y peor pagados de la clase obrera en Chile. Las empleadas domesticas forman parte del elemento humano que sirve de servidumbre a la burguesia y pequeña burguesia, desde luego, en su mayoría son explotadas al máximo, con sueldos miserables y ningún tipo de seguridad laboral. Aquí surge un tipo de racismo en las relaciones laborales entre los Chilenos y los Mapuches. Consideran que su capacidad y su coeficiente intelectual le impide cumplir otras responsabilidades mas importantes.

¿Cual es la actitud del chileno frente a sus compañeros Mapuches? (nos referimos a sus compañeros de clase) en el lugar de trabajo o de vivienda y en la vida cotidiana de los proletarios y subproletarios con los Mapuches. Una actitud de rechazo. Que quede bien entendido que a nivel de otras clases sociales los problemas de RECHAZO del Mapuche son peores. Indudablemente que la burguesía y la pequeña burguesia se han caracterizado por el desprecio que siente hacia nosotros, quedando al mismo nivel que nuestros compañeros de clase. En este aspecto la ideología dominante ha impuesto un principio, incapaz de destruirnos fisicamente, obtiene con cierto exito la posibilidad de nuestra destrucción cultural (sobre todo en la ciudad).

Ese rechazo ¿Como se expresa? De varias maneras: racismo, agresividad, aislamiento, burla y violaciones en las mujeres. Citemos a modo de ejemplo expresiones que nos indican claramente esta situación: "mis indiecitos", "mis mapuchitos", o en forma mas hiriente: "indio guevón"... "indio bruto", o bien una persona morena que no corresponde al físico europeo se le conoce con el apodo de "índio" al margen del apellido que tenga. A traves de los medios de comunicación, las parodias, los chistes, los comentarios irónicos...

¿Como reacciona el Mapuche frente a estas agresiones? En un aislamiento físico y afectivo forzado, se convierte en un ser muy solitario, introvertido, susceptible, desconfiado, siempre en actitud defensiva, no tiene amigos y por supuesto no habla de su cultura, de su lengua con su familia, y generalmente los hijos desconocen todo ese mundo de miseria y humillación al tener la cultura chilena como modelo. Lejos de sus reducciones buscan una salida a su angustia cotidiana reuniendose entre ellos en cieertos lugares ya establecidos. Por ejemplo en Santiago: la Quinta Normal, restaurante de la calle Matucana y San Pablo, y otros buscan sus momentos de desahogo en el alcohol.

Bien cierto que este racismo contra el Mapuche no es solamente por su físico o color de piel, es simplemente porque representa un gran porcentaje del subproletariado y proletariado industrial y agraria. El problema es económico social. Aquí podemos ver con caracter mas amplio y comparando, aprovechando nuestro exilio en Francia, que los Mapuches son los trabajadores del norte de Africa, de las ex-colonias francesas africanas, portuguesas, etc. En España son los andaluces, extremeños y gallegos. Son todos aquellos que ejecutan los peores trabajos y son los peor pagados. Y su respuesta ante el racismo y la humillación es la misma que da el Mapuche en Chile. El racismo es un problema presente en todo el mundo.

¿Y que pasa con nosotros, hijos de Mapuche, nacidos en las ciudades, asimilados a la cultura chilena y desligados completamente de nuestros padres? Me refiero mas que nada a los hijos de padre o madre mapuche, padre mapuche y madre no mapuche o padre no mapuche y madre mapuche. En el primer caso, los problemas son los mismos, el apellido los delata. En el último, la situación varía un poco, ya que el apellido del padre los integra mas facilmente a la población chilena. Obvio, el racismo no varía, el desprecio, la agresividad comienzan en la infancia, terminando al igual que nuestros padres o quizas peor, al no sentirnos totalmente o chilenos o mapuche.

Quiero aclarar que no existe, en absoluto, revanchismo o rencor con nuestros compañeros de clase, simplemente es un testimonio de nuestra realidad. Largo es el camino a recorrer, muchas luchas que dar. Pero el pueblo Mapuche y la izquierda chilena tienen un compromiso histórico que en conjunto deben cumplir.



Boletín Informativo Mapuche Nº 8
Septiembre - 1980
Indigenous Minorities Research Council
Comite Exterior Mapuche - Inglaterra

En http://www.mapuche-nation.org/espanol/html/articulos/art-05.htm

domingo, 2 de diciembre de 2007

Un devenir pos-humano


Entrevista a Franco Berardi "Bifo"
Por el Colectivo Situaciones

Finalmente querríamos preguntarte por la dimensión política de la noción de autoorganización. En algún lugar enunciás que el antagonismo es una imagen política inútil para la situación presente, pues el deseo social se desplaza en paralelo a la innovación de la economía. Pero si el deseo no necesita contraponerse a lo que existe para proliferar, ¿qué lo llevaría a radicalizarse hacia horizontes de autoorganización? ¿Cómo percibís o imaginás ese impulso?

Creo que debemos reflexionar nuevamente sobre la noción de deseo. La lectura de Deleuze y Guattari por parte del pensamiento del movimiento a menudo ha malinterpretado la noción de deseo como si éste fuese una subjetividad, una fuerza positiva. Admito que alguna ambigüedad sobre este punto se encuentra en los textos de ambos filósofos, y en mi trabajo de “vulgarización movimentista” (si me permiten la expresión) he a veces identificado el deseo como la fuerza positiva que se opone al dominio. Pero esta vulgarización no es correcta.
El deseo no es una fuerza sino un campo. Es el campo en el cual se desarrolla una densísima lucha o, mejor dicho, un espeso entrecruzamiento de fuerzas diferentes, conflictivas. El deseo no es un valiente muchacho, no es el chico bueno de la historia. El deseo es el campo psíquico sobre el que se oponen continuamente flujos imaginarios, ideológicos, intereses económicos. Existe un deseo nazi, digo, para entendernos.
El campo del deseo es lo central en la historia, porque sobre este campo se mezclan, se superponen, entran en conflicto las fuerzas decisivas en la formación de la mente colectiva, por lo tanto la dirección predominante del proceso social.
El deseo juzga la historia, ¿pero quién juzga al deseo?
Desde que las corporaciones de la imageneering (Walt Disney, Murdoch, Mediaset Microsoft, Glaxo) se han apoderado del campo deseante, se han desencadenado la violencia y la ignorancia, se han cavado las trincheras inmateriales del tecno-esclavismo y del conformismo masivo. El campo del deseo ha sido colonizado por esas fuerzas.
Sobre este plano debe actuar el movimiento deseante. Y cuando usamos la expresión “movimiento deseante” no entendemos “subjetividad deseante que se hace movimiento”, que por el simple hecho de tener deseo es positiva, como si no hubiese deseo también en la violencia.
“Movimiento deseante” significa un movimiento capaz de actuar eficazmente en el campo de formación del deseo, un movimiento conciente de la centralidad del campo del deseo en la dinámica social.

Pubicado como prólogo al libro Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo, editado por Tinta Limón ediciones, Buenos Aires, octubre de 2007)
El movimiento es una fuerza, el deseo un campo.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Seminario : Migrantes en Chile. Perfiles y Trayectos

Organizado por : Programa de Estudios de Género y Sociedad, Progénero, UAHC


Ximena Zavala de Prógenero - UACH
La migración implica reflexionar sobre el estado de cómo se enfrenta este tema a nivel de políticas migratorias. Chile ha tendido a ser un país exclusor, de acuerdo a lo que se ha podido ver en su historia.
Actualmente la Concertación modernizó y agilizó los movimientos ministeriales, pero sin embargo no existe aun coordinación entre las regiones. A nivel de política internacional, falta desarrollar el área de los derechos internacionales y la inserción.
Ahora bien, de acuerdo al censo del 2000, los inmigrantes que viven en la Región Metropolitana, son mayoritariamente peruanos.
Según el Proyecto IMILA, CELADE, el la comuna de Las Condes, viven mayoritariamente argentinos; en Santiago Centro, peruanos (igual cantidad de hombres que mujeres). En Las Condes la proporción de mujeres peruanas es mayor que la de hombres, dado que se consideran para estas cifras, a las mujeres peruanas que trabajan como asesoras del hogar.
Otros datos que se entregan son:

Hombres Argentinos Trabajan en industria de la comida y los servicios
Mujeres Argentinas Idem
Hombres Peruanos Trabajan en servicios y construcción
Mujeres Peruanas Trabajan en servicio doméstico y servicios

En cuanto a la situación legal de los inmigrantes, la mayor cantidad de peruanos que tienen permanencia definitiva, son mujeres.
En cuanto a la situación de los inmigrantes, según el informe 2004 de la ONU, los temas que preocupan en estos momentos tienen que ver con la mujer, los derechos humanos, y los derechos internacionales. La pregunta central gira en torno al modo de integrar los modelos transnacionales.
Roberto Carretón, abogado DDHH
Este abogado sostiene que pese al acceso que han tenido los chilenos a todos los países del mundo durante el exilio, no se ha producido un cambio cultural significativo.
Tampoco habría desde el estado, una política acogedora hacia los extranjeros, por lo tanto no es extraño que los chilenos sean despectivos y xenófogos.
Jorge Martínez, CELADE – CEPAL
Este investigador señala que existe una relación inherente entre las desigualdades sociales y las asimetrías, en el sentido de que por ejemplo los inmigrantes buscan salir de un lugar con menos oportunidades, para llegar a otro con más oportunidades. Sin embargo, esto tampoco se cumple en muchos casos.
En general, agrega, el porcentaje de inmigrantes es mínimo, pero esto también tiene que ver con que al momento de cuantificarlos, no siempre se toman en cuenta las migraciones Interregionales.
Otro punto que destaca, es que estas oportunidades que se buscan, llevan a los inmigrantes a espacios de mucha vulnerabilidad social.
Agrega que además, el transnacinalismo migratorio emerge como un tendencia incontrarrestable. Pero también es un enfoque que sirve para interpretar la migración contemporánea, ya que da cuenta de una convivencia de múltiples prácticas migratorias que forman algo nuevo. Dan cuenta además, de las diversas estrategias de sobrevivencia. Dichas estrategias traen el riesgo de reproducir las desigualdades de los lugares de origen (incluso no se relacionan con otros nacionales de distinto nivel social).
De esta situación se desprenden los siguientes tópicos de reflexión:
esto desafía a las políticas públicas
América Latina pasó a ser de región de inmigrantes, a región de emigrantes de personas, de capital humano y social. Estados Unidos y España han desarrollado redes sociales, se han asociado entre ellos y se ha establecido un nuevo patrón geográfico de tránsito migratorio esclareciendo con esto, que ya no es tan nítido el reconocimiento de migrantes que retornan o que llegan... etc.
Se ha producido una creciente participación de la mujer (feminización de las migraciones), con lo cual se hace necesario abordar el tema de las migraciones desde una perspectiva de género.
La movilidad de los pueblos indígenas es un proceso complejo en tanto migran como estrategia de sobrevivencia, pero es el territorio lo que les da identidad.
La migración calificada se da primordialmente desde los años 60’, y consiste en la movilidad de profesionales, científicos. En general, existe una visión negativa de este fenómeno, ya que es percibido como una pérdida de profesionales. Pero existe también una nueva visión que sostiene que es posible aprovechar esta situación por medio de diásporas y redes. Esto abre además, el debate sobre los derechos políticos de los chilenos en el extranjero.
En cuanto a la política internacional, los temas de migración se han posicionado con más fuerza a nivel gubernamental.
Nieves Rico, CEPAL
“Las mujeres migrantes y sus aportes a la economía y la protección social”.
La expositora centró sus reflexiones en cuatro puntos:
Dónde y por qué migran las mujeres latinoamericanas
Según las estadísticas, migran más mujeres que hombres, y lo hacen hacia Estados Unidos y el Caribe, para trabajar en las áreas de salud.
Porqué migran
Para acompañar al varón.
Se unen al marido: se produce una reunificación familiar, ya que inicialmente es él quien se va primero.
Para buscar nuevas oportunidades laborales.
Debido a una situación de extrema pobreza en sus lugares de origen, a guerras, catástrofes naturales, etc.
Por la introducción de delincuentes internacionales, en la modalidad de trata de blancas.
Por sueños propios, fantasías de triunfo.
Aportes
Estas mujeres, aportan mano de obra no especializada barata y flexible, especialmente en el ámbito del servicio doméstico, el cuidado de los niños y ancianos, en un contexto en el cual los cambios laborales han modificado las demandas de cuidado. En consecuencia, se produce una transformación cultural y económica, y es por eso que se torna relevante el tema de la legislación laboral.
En el ámbito económico, sus remesas aportan a la economía de sus países de origen. Pero además, el principal producto de exportación son las personas; hay una compleja rede de relaciones culturales, patrimoniales, simbolismos sociales, etc. por lo tanto, se ha producido un empoderamiento de la mujer.
Desafíos y respuestas
Debiera desarrollarse un enfoque de derechos y desarrollo, que permitiera por ejemplo, abordar la portabilidad de las pensiones.
Hay que regularizar además, la situación de indocumentación en que se encuentran las mujeres.
Habría que buscar mecanismos de resguardar la seguridad ciudadana.
Por último, se propone establecer acuerdos bilaterales en la materia.
Gabriel Rodríguez, Ps. Suplente de OIM
Este psicólogo aborda el tema de la gobernanza y la gobernabilidad.
Señala que se debe dar respuesta al problema social que se ha producido por la modernización y la movilidad. Es importante además, integrar la equidad de género en las políticas migratorias.
OIM integra programas sociales en 182 países. En ellos se destaca:
Que la mujer es un elemento esencial en el nuevo carácter de movilidad internacional.
Se abordan los vínculos entre migraciones y desarrollo.
Se investiga desde un enfoque de derecho desde la perspectiva de género.
En relación a la movilidad, se busca un equilibrio entre migraciones, seguridad y desarrollo. Se hace necesario un rediseño del mundo, y para promover esto, se realizan foros multilaterales, donde se incentiva la cooperación entre países, el ejercicio de buenas prácticas, y cobran relevancia las distintas organizaciones.
Dentro de los procesos consultivos informales, se encuentra:
CRM, 1996, realizado en el centro y norte de América Latina.
CSM, realizado por una conformación sudamericana.
Estas son instancias políticas no vinculantes, donde se aborda el tema de las migraciones desde múltiples enfoques.
Lorebzo Agar, sociólogo
Este exponente aborda el tema de las migraciones y la interculturalidad, como desafío de la globalización. Sostiene que habrían ciertas paradojas en estos procesos:
Masificación cultural
surgimiento del regionalismo
Sostenibilidad ambiental
inmediatez económica
Libre movimiento de bienes y servicios
restricciones para la movilidad de personas
Convergencia de programas de racionalidad productiva
creciente mezcla de lenguajes y sensibilidades culturales
Medios de comunicación que tienden a la integración social
Uso de estos medios para permanecer anclado a sus raíces
En Chile, señala Agar, existen leyes migratorias, pero no hay una política ni una filosofía que las sustenten.
Por otra parte, agrega que es necesario discutir acerca de este tema, de manera que se produzca un reconocimiento de la existencia de una sociedad diversa culturalmente, y por lo tanto, se puedan abordar los prejuicios latentes que hay, como por ejemplo la endofobia (fobia por parte de los extranjeros hacia los nacionales, y la fobia interregional)
En el contexto de la interculturalidad, propone un enriquecimiento mutuo en la convivencia , para generar procesos de transformación cultural, es decir, de transculturalidad.
Gioconda Herrera, FLACSO
Son solo datos demográficos...
Extraído de la página de la UAHC: http://noticias.academia.cl/
Ximena Zavala de Prógenero - UACH aseguró que es fundamental el debate en torno al proceso migratorio, considerando que existen muchas vulnerabilidades en torno a las mujeres emigrantes "nosotros queremos insistir en los impactos de género del proceso migratorio. ¿Hasta que punto los marcos conceptuales y normativos existentes son adecuados para responder a las realidades? ¿Existen mecanismos eficaces para proteger a las mujeres de la violencia en el proceso trasnacional?”. Tras el planteamiento, el abogado eminente en el ámbito de derechos humanos y moderador de la jornada, Roberto Carretón, afirmó: “pese a no ser experto en el tema de migración, no puedo dejar de decir una cosa que me duele mucho, como abogado y como chileno que trabajó por los derechos humanos en dictadura. Y es el poco cambio cultural de nuestro país para tratar los temas de migración, en circunstancias de que nuestro país fue el más beneficiado del mundo en materia de accesos en prácticamente todos los países, incluso en países como Bolivia, Perú y Argentina, que hoy día tiene migración en Chile y que no han tenido la mejor acogida. Me amarga la falta de solidaridad”. Tras esta sentida confesión y fundamentada por su trayectoria profesional, Roberto Carretón dio la palabra al investigador de la división de población de la comisión económica para América y el Caribe de la CEPAL, Jorge Martínez, quien recalcó durante su ponencia las transformaciones del proceso migratorio latinoamericano; “la migración es un proceso a largo plazo que conlleva complicaciones, además sigue teniendo una relación inherente con la desigualdad. También en términos de continuidades a pesar que es discutible, la migración sigue siendo demográfico, que sigue siendo de pequeña cuantía, eso independiente que en algunos países hay un impacto mayor”. En este contexto, Martínez precisó sobre los temas relegados en la agenda de investigación de la región. Para precisar sobre lo que el experto llamó transnacionalismo migratorio, aseguró que “esto emerge como una tendencia incontrarrestable. Esto da cuenta de distintos espacios de asentamiento definitivo, da cuenta de múltiples prácticas migratorias, que revelan un nuevo contexto de la migración. Y engloba una problemática nueva respecto a que hay poca interacción entre los grupos migratorios”. Respecto al fenómeno en Latinoamérica, el especialista precisó “de ser una región de inmigración pasó velozmente a ser de emigración, de personas, de capital humano, y de capital social, de conocimiento, de cultura. Según nosotros hay 30 millones de latinoamericanos residiendo fuera de sus países de nacimiento y si bien están concentrados en EE.UU., hay una dinámica sin precedentes que también hay concentración en España”. Otra de las constataciones de Jorge Martínez fue sobre la participación de las mujeres, respecto a lo cual aseveró “que hay una mayor visibilidad femenina, una “feminización de las migraciones, y especto a esto puntual hay mucho por discutir” Relacionado con este mismo punto de debate quien precisó sobre los desafíos fue la antropóloga social de la Unidad de Mujer de la CEPAL, Nieves Rico, quien a través de su ponencia “Las mujeres migrantes y sus aportes a la economía y la protección social”. La profesional argentina, repasó cuatro puntos vinculados, por un lado ¿hacia dónde y por qué migran las mujeres latinoamericanas? , a lo que respondió “en primer lugar en el 2005 más del 13% de los migrantes internacionales del mundo nació en América Latina y el Caribe y que son 25.000.000 de personas, y de éstas 50% son mujeres. Uno puede observara la tendencia que hacia los países de mayor desarrollo económico el porcentaje de mujeres es superior”. Nieves Rico además reveló que “hay una migración interregional clara, por ejemplo, paraguayas y chilenas van hacia Argentina, colombianas están en Venezuela, peruanas en Chile y además tenemos nuestras mujeres que salen de la región, que se pegan un salto, específicamente hacia Estados Unidos, Canadá, España, Reino Unido, Japón y Australia”. Rico expuso que las principales motivaciones para la emigración femenina tienen relación con varios puntos “la imagen está asociada a mujeres que acompañan a varones, sus parejas, acogidas a la figura de reunificación familiar, pero hoy en día nuestra realidad es que muchas mujeres migran solas, que buscan nuevas y mejores oportunidades laborales u otras que están presionadas por un entorno de pobreza extrema, conflictos armados, desastres naturales, y son realidades que tenemos y también hay mujeres que migran porque son inducidas u obligadas por delincuentes internacionales”. Considerando todo lo que implica el movimiento de la migración femenina, es que Nieves Rico puntualizó en los desafíos, por ejemplo, “asegurar la portabilidad de las pensiones entre países para aquellas mujeres migrantes insertas en el mercado laboral formal, la regularización de aquellas no documentadas que están en el mercado informal y de aquellas con status de dependiente con residencia ligada al cónyuge, extender el acceso universal a la seguridad social a las migrantes y profundizar los acuerdos bilaterales entre países y el cumplimiento de los instrumentos internacionales“. La jornada finalizó con las ponencias de los invitados de Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia, Argentina.
1
Informe : Javiera Navarro
noviembre 2007

sábado, 20 de octubre de 2007

CLINICA TRANSCULTURAL

El Consultorio de Atención Psicológica de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano ofrece servicio de atención bilingue para extranjeros viviendo en Santiago de Chile. Se atiende a niños, adolescentes y adultos, en psicoterapia individual y familiar.

Este programa tiene por objetivo recibir a todos aquellos quienes, habiendo salido de sus países de origen y viviendo en Santiago, demandan atención psicológica. Nuestro equipo está conformado por alumos del último año de la carrera de psicología, nacionales y extranjeros, psicólogos titulados y psiquiátras. Este grupo de trabajo está orientado a la atención y a la formación de una práctica clínica que, incluyendo las variables culturales y sociales que insiden en la salud mental, ofrece una atención especializada y de alta calidad.

El consultorio está ubicado en la calle Condell 506, en la comuna de Providencia. Nuestros horarios de atención son de Lunes a Viernes entre 9.00 y 6.00 pm y Sábados entre 9.00a 3.00 pm.

Para pedir una cita, favor llamar al teléfono 7878234 y hablar con Paulina Venegas, quién tomará los datos para la atención.


Programa Inmigrantes

Capsi-UAHC


miércoles, 12 de septiembre de 2007

¿ES POSIBLE LA PSICOTERAPIA CON INTÉRPRETE?


ARGUMENTO

El dispositivo que hemos puesto en práctica para acoger a los pacientes de origen extranjero está fundado en la participación de un intérprete. ¿Cómo funciona este trío que forman el psiquiatra occidental, el intérprete y el paciente? La función del intérprete no se reduce a la “traducción” como instrumento. Es igualmente improbable que podamos describirla de manera satisfactoria como una “mediación”, intercultural por añadidura. Trataremos de precisar los límites y las ambigüedades de semejantes posiciones, cuando las enfrentemos con los dos datos siguientes: la dimensión imposible de la traducción en este contexto y la dificultad de identificar lo que constituiría en sentido propio “el obstáculo intercultural”. Trataremos de mostrar en qué medida los desafíos y los efectos del dispositivo de a tres son variables en función del estilo y de la posición ocupada por el intérprete (en particular cuando es asimismo un psicoterapeuta), y según el modo de involucramiento de los idiomas por el paciente y el interés que toma por el acto de traducción y por el idioma del país de acogida.

Nos limitaremos a las dificultades y a los efectos de la traducción y dejaremos para más tarde el examen de los movimientos transferenciales complejos que no dejan de surgir en este contexto, así como la cuestión de la posición subjetiva del intérprete, preso dentro de esta transferencia particular.

¿ES POSIBLE LA PSICOTERAPIA DE A TRES?

Con la distancia y la experiencia clínica de la que disponemos, es posible desde ahora identificar y analizar los efectos producidos por el dispositivo que hemos puesto en práctica. Efectos positivos pero también dificultades particulares y límites que trataremos de destacar.

I/ PRINCIPIOS DE LA SITUACIÓN DE A TRES

Recordemos los principios que nos han incitado a optar por la situación de a tres.

1) Permitir a los pacientes que se expresen en su lengua de origen.

2) Poner en escena y en acción un espacio “intercultural” (y no sólo bilingüe).

¿Cuáles son los efectos de estos dos factores?

El beneficio de la lengua materna es evidente para todos los pacientes que no dominan el francés o sólo muy poco. Sin embargo, dos tipos de objeción no dejan de aparecer a este respecto. ¿Por qué imponer una tercera persona -el terapeuta occidental-, si hay un psicoterapeuta que habla el idioma del paciente y podría hacerse cargo de él sin nadie más? Y según el argumento inverso, para que “la escucha” sea eficaz ¿acaso es realmente necesario que el terapeuta hable el mismo idioma que el paciente? Cabe notar de entrada que estas preguntas, transpuestas al registro del psicoanálisis, aún no han recibido respuestas muy elaboradas. De ahí la utilidad de volver a este tema.

Éste es el dispositivo básico, pero las cosas son más complejas en realidad. En la práctica, un gran número de pacientes de origen extranjero son seguidos por un solo psicoterapeuta que habla o no la lengua materna del paciente. Entonces se produce una selección empírica, es decir por motivos que a veces se le escapan a uno. Tratemos de identificarlos. Primero está el nivel de dominio del francés que a veces impone la presencia del intérprete. A la inversa, un buen dominio del francés y un nivel de educación elevado a menudo nos incitan a preferir de entrada una psicoterapia clásica. Algunos pacientes piden ellos mismos que se les quite de en medio la tercera persona. Así, unos pacientes turcos han rechazado la presencia del terapeuta occidental, mientras que algunas mujeres magrebíes suelen preferir quedarse a solas con él. En otros casos, vacilamos, porque nos es difícil evaluar si las ventajas de la situación de a tres son superiores a los inconvenientes. A mi parecer, el criterio principal es el grado de firmeza del discurso. Apostamos que la situación de a tres va a permitir quebrantar un discurso paralizado y estereotipado. Un discurso flexible, diversificado, abierto al interlocutor, sin connotaciones reivindicadoras, nos incita a preferir de entrada un diálogo a solas. Otro criterio, mucho más imperceptible, se funda en la apreciación de la transferencia. Algunas veces hemos tenido la sensación de que un paciente “transfería más” a uno que a otro, y en tal caso elegimos las sesiones a solas, sin grandes resultados terapéuticos. Y es que la interpretación de la transferencia en situación de a tres no resulta nada fácil, ya que las declaraciones y actitudes del paciente están siempre dirigidas a dos personas, aun cuando su atención se focaliza en apariencia en un solo interlocutor. Quizás sería más correcto decir que el momento de la transferencia es algo parecido a un “intervalo” (Estos aspectos serán tratados en una exposición ulterior).

Pero volvamos a los dos argumentos que podríamos oponer a la situación de a tres.

1) Si tomamos el ejemplo de los pacientes magrebíes (que son todos más o menos bilingües), la mayoría de los autores han observado que el beneficio obtenido con una psicoterapia en lengua árabe era nulo. Al menos cuando semejantes psicoterapias están practicadas en un país extranjero, en Francia por ejemplo (queda aún por estudiar el beneficio o la eventual dificultad de una psicoterapia en lengua árabe en un país arabófono). Abdessalem Yahyaoui (1987) observa la aparición de “proyecciones masivas”, de llamadas a la familiaridad y a la solidariedad del “hermano” de la misma cultura, que defenderá y vengará los perjuicios cometidos por los demás, los extranjeros. Mohand Chabane (1989), psicoanalista arabófono, expone el caso de rechazo del empleo de la lengua materna por algunos pacientes. Pero la dificultad proviene tanto del terapeuta que no resiste forzosamente a la seducción del reencuentro, a la ilusión que un “lugar común” existe entre su paciente y él. Toda la relación que el terapeuta mantiene con su propia lengua materna, y por consiguiente su cultura, también está puesta en juego. Michel Larivière examinará los efectos que induce esta situación particular de practicar un análisis en lengua materna en un país extranjero, tanto para el analista como para el analizante.

Podemos concluir de manera provisional que el recurso o la vuelta a la lengua materna no resuelve nada, al menos para la mayoría de los pacientes inmigrantes con los que estamos en relación. Es la primera ilusión que hay que disipar en cuanto a lo que algunos llaman la relación “endocultural”. De ahí un primer argumento para la situación de a tres.

2) Pero si la lengua materna no es primordial, entonces ¿por qué un intérprete? Algunos psiquiatras prefieren remitir a la “relación”, término mítico que, cuando se emplea en nuestro campo, sobreentiende generalmente una devaluación del valor de la palabra en beneficio de nociones vagas como la empatía, la comunicación no verbal, la “transferencia” considerada como un afecto, una energía que en cierto modo no necesita decirse. Como todos lo saben, el amor se lee en los ojos del otro y los flechazos no necesitan largas declaraciones... Al contrario, del lado de los psicoanalistas que desprecian el afecto, es el significante el que está mitificado. La lengua extranjera, aunque sea incomprensible para el analista, lleva consigo significantes cuyo sentido no importa realmente, pero sí su arreglo, su combinación. En última instancia, la teoría lacaniana permite tener presente un análisis totalmente desprovisto del sentido y que se refiere sólo a los significantes. Hasta podríamos decir que esto es lo ideal. Por suerte, este límite sólo se defiende en forma de ocurrencia (que pondría en contacto un analista y un analizante que no comprenderían nada de nada a la lengua del otro). Jean-Marie Heinrich se encargará de desarrollar esta problemática del psicoanálisis en su relación con las lenguas.

Recordemos lo siguiente: argumentos contradictorios son dados para justificar una situación en la que las posibilidades de expresión verbal del paciente están limitadas por factores externos.

A partir de ahí cabe precisar nuestra posición. Se trata de darle o restituirle al paciente un uso de la palabra quizás devaluado por su situación de inmigrante. De darle la oportunidad de entender en qué medida el bilingüismo puede ser un enriquecimiento y no sólo un aplastamiento de la lengua de origen por la lengua segundaria. Por otra parte, nos situamos en el registro de la psicoterapia, es decir en el campo del sentido, del sentido que hay que dar, que construir alrededor de fenómenos y de sufrimientos que no lo son cuando el paciente nos habla. Con todo rigor, el registro del significante, que caracteriza al análisis, sólo podría ser tratado en segundo lugar.

Por último, queremos evitar que al paciente que viene a un hospital francés para una consulta, lleno de las esperanzas puestas en la medicina occidental, se le haga volver sistemáticamente a sus orígenes a través de la atribución de un psiquiatra del mismo origen. Veremos más adelante que es necesario tener en cuenta la carga imaginaria que está ligada a la medicina occidental.

II/ EL EVENTUAL OBSTÁCULO INTERCULTURAL Y EL PROBLEMA DE LA INTERPRETACIÓN CULTURAL

Vemos, pues, que el obstáculo que hemos tratado de superar no radica sólo en la barrera de la lengua. ¿Entonces el otro aspecto sería de orden “cultural”? Este seminario tiene como objeto tratar de precisar lo que del orden cultural o intercultural constituiría un obstáculo a la psicoterapia. Dejaremos la pregunta en suspenso. Contentémonos de precisar algunos puntos relacionados con “la interpretación cultural”. Si la diferencia cultural obstaculiza (lo cual queda por ser demostrado), ¿qué se puede esperar del intérprete a este nivel? Ondongo, “etno-psicólogo clínico”, defiende la especificidad de esta función y un estatuto particular para el “intérprete cultural” (Ondongo, 1987). Propone la definición siguiente: “Una persona cuyo trabajo -o cuya función- consiste en resolver no sólo las mediaciones lingüísticas (la traducción), sino más bien las mediaciones culturales (que permiten la comprensión de la dimensión escondida en la comunicación) entre los autóctonos o sus instituciones y los inmigrantes.”

No se trata de negar la utilidad e incluso el carácter indispensable de dichos mediadores en una multitud de situaciones sociales, administrativas, escolares, e incluso médicas, en las que conflictos y actitudes negativas están generados por una falta de conocimiento de los usos de la cultura del otro. A mi parecer es también útil conocer algunos aspectos de la cultura del paciente para al menos evitar ciertas torpezas. Sin embargo, en el ámbito que nos interesa -la psicoterapia de a tres-, definir de esta manera la función del intérprete plantea un problema.

 Desde el punto de vista del paciente, su posición no puede ser asimilada a una función social precisa como la vida de todos los días se lo impone (empleado de una empresa, padre de alumno, beneficiario de la Seguridad Social, solicitante de asilo o del permiso de residencia, etc.). Frente a estas exigencias, un mediador puede, en efecto, permitir un diálogo más fácil. Más exactamente, nuestra función consiste en hacerle abandonar lo antes posible el papel “obligado” que se atribuye de manera imaginaria frente al médico. Su dificultad para orientarse la experimenta ante todo respecto a sí mismo y a su queja o su enfermedad. Y el sentido que podrá ayudarlo a vivir mejor sólo podrá ser una creación personal que incluirá tanto su relación a su cultura de origen (con los relevos que su historia personal y familiar le habrá dado) como su negociación del conflicto de aculturación (siempre se trata de un conflicto e incluso de una relación de fuerzas: la aculturación es siempre antagonista; cf. Michel de Certeau, 1985). Entonces es el paciente mismo quien, a medida que su discurso se va desarrollando, conseguirá situarse en función de estos datos “culturales” que su pasado le ha dejado en la memoria y que el presente le impone. Nadie puede hacerlo en su lugar. Este movimiento pasa además -lo observamos en forma concentrada durante una psicoterapia- por vacilaciones, cambios de postura, impulsos contradictorios en los que alternan la fidelidad a la tradición y la fascinación por la cultura de acogida, que lo transforman en un proceso dinámico y evolutivo. El emigrante ya no “pertenece” a su cultura de origen. La actitud psicoterápica tiene ante todo que favorecer este proceso dinámico orientado hacia el futuro y saber oír y aceptar la variedad infinita de soluciones que la inventiva de cada uno podrá encontrar.

Desde este enfoque, ¿cuál puede ser el espacio dado a informaciones culturales en la psicoterapia, es decir durante las sesiones mismas? Fuera de las consultas es verdad que es fructuoso intercambiar nuestros puntos de vista y cotejar datos antropológicos respecto al caso concreto que hemos tratado. Sin embargo, a nuestro parecer esta manera de proceder es peligrosa durante las consultas (y es lo que al parecer se practica en algunos sitios). Al evocar delante del paciente “su cultura”, al ir más allá de sus propias palabras, el riesgo es que se radicalice una diferencia en movimiento, que se le haga volver y se le identifique a su origen, desconociendo dos cosas: 1) la interpretación personal que el paciente ha elaborado de su cultura (su implicación en su cultura antes de que emigrara), haciendo como si este sujeto preciso, turco por ejemplo, pudiera ser identificado a los turcos en general; 2) todo el trabajo de aculturación y de negociación que ya ha efectuado y que de nuevo lo aleja de los caracteres de su grupo de origen (caracteres que se han vuelto míticos además).

 Desde el punto de vista del intérprete, las cosas no son más simples tampoco. Éste tendría que “conocer” la cultura del paciente. ¿Pero qué tipo de conocimiento empleará durante las consultas? ¿El producto de una vuelta a los conocimientos universitarios (antropológicos, sociológicos, etnológicos...) o lo que su experiencia y su pasado le han permitido comprender de su propia cultura? ¿Qué conocimiento tiene uno de su propia cultura? ¿Cómo disociar este “conocimiento”, supuestamente general, de la relación singular que cada uno mantiene con su cultura, y en caso de emigración, de exilio o simplemente de una larga estancia universitaria en el extranjero, de todas las transformaciones e reinterpretaciones que se producen? Veremos más adelante que el intérprete no es para nada un simple traductor. Es aún más improbable que sea un puro “informador cultural”. En efecto, no es fácil hablar de su cultura, y estar asignado a esta tarea por su estatuto es insostenible. (De hecho lo notamos durante nuestras reuniones, cuando somos incapaces de contestar a preguntas acerca de la cultura en general: ¿cómo reaccionan o se comportan los franceses, los turcos o los argelinos en tal o tal situación? No sólo no tenemos ni idea de ello, pero además la pregunta deja al interlocutor en una posición de imposible desdoblamiento, a la vez actor y observador de sí mismo por cuenta de otro con el que no comparte el origen (origen en el sentido óptico aquí, el punto desde el que se observa). Desdoblamiento desubjetivante que tiende a desalojar de su posición singular y original el que es interrogado.)

Por otra parte, durante la psicoterapia, el intérprete es interpelado, se encuentra comprometido, lo quiera o no, a ocupar un puesto preciso en la transferencia del paciente y no puede escapar, que esté consciente de ello o no, a las reacciones contra-transferenciales que van a relativizar la neutralidad u objetividad de la que podría prevalerse. (Karim KHELIL evocará las dificultades de la posición subjetiva del intérprete en una próxima conferencia.)

 Por último, desde el punto de vista del terapeuta occidental, si es posible el conocimiento de algunos datos culturales y su utilización (cf. las representaciones y etiologías tradicionales, etc.), a mi juicio hay que relativizar las eventuales “torpezas” que es susceptible de cometer con sus preguntas demasiado directas o inhabituales para el paciente. ¿Por qué? Sencillamente porque el paciente sabe con quien está hablando y está plenamente consciente de la diferencia y de la distancia cultural. No le sorprenderán, por parte de un occidental, preguntas o actitudes que podrían chocarle si un terapeuta de su misma cultura se las hiciera (las declaraciones de M. Chabane (1989) deberían ser relativizadas en este sentido: las precauciones que preconiza quizás estén en parte relacionadas a su propia posición “endocultural”). La supresión de las convenciones tradicionales es justamente uno de los factores que incitan algunos pacientes a preferir dirigirse al médico occidental. Veremos ejemplos de ello más adelante. A la inversa, si el paciente no sabe distinguir entre los interlocutores y espera del médico occidental un comportamiento conforme a su tradición, tenemos ahí el indicio de graves trastornos de la personalidad y/o de la aculturación. De hecho se hace difícil imaginar que podamos aprender y ejecutar los códigos propios a cada cultura, por ejemplo tan complejos como las formas de saludarse de los asiáticos. En el mejor de los casos, nos considerarían como payasos inofensivos. (NB: el hecho de no poner la mano en el corazón, como el paciente magrebí que así nos saluda, no supone ningún problema para el terapeuta occidental, pero ¿qué ocurre con el intérprete confrontado con este saludo?) Otro ejemplo: el tabú del quedarse a solas que existe en algunas culturas (con los riesgos sexuales y de brujería que comporta) no tiene razones para aplicarse a un terapeuta occidental.

Estas primeras observaciones indican los obstáculos de la situación de a tres y de la función del intérprete:

 las modalidades, las dificultades y los efectos de la traducción

 los caracteres de la transferencia en la situación de a tres

 la posición subjetiva del intérprete y las consecuencias de su imposible neutralidad

III/ EL INTÉRPRETE TRADUCTOR: LOS EFECTOS DE LA LENGUA

1) ¿Qué práctica de la “interpretación”?

Hay que empezar describiendo lo que ocurre exactamente. Cada intérprete tiene su propio estilo en cuanto al trabajo de traducción, sea por gusto, sea por su formación profesional.

Algunos intérpretes -cuyo ejemplo típico en Estrasburgo es el intérprete del parlamento europeo- practican una especie de traducción simultánea. Traducen el discurso del paciente de inmediato, a menudo en primera persona, y mientras que el paciente sigue hablando. Esto induce varias cosas. Primero quizás una ilusión: la ilusión de que lo que el paciente dice no comporta ambigüedades y puede traducirse fácilmente. El intérprete puede también, por costumbre, acabar eliminando automáticamente algunas dificultades. Pero también puede traducir voluntariamente palabra por palabra algunas expresiones o metáforas, lo cual puede llegar a ser muy fecundo por las asociaciones que suscitan en el terapeuta. Sin embargo, la originalidad o la incongruencia aparente de las metáforas constituye una nueva dificultad: ¿se trata de un efecto de extrañeza “exótica” o de una expresión creada por el paciente? ¿Cómo apreciar el grado de apropiación personal del enunciado? ¿Es una invención poética o una repetición del discurso tradicional corriente? La traducción simultánea aporta tanta precisión que, cuando el intérprete está atento, pueden destacarse “en directo” los lapsus, las interrupciones en el discurso, las respuestas sin relación con la pregunta o las asociaciones raras, lo cual permite a veces restituirle en seguida al paciente estos tropiezos del discurso. Pero aún así, según mi experiencia, tengo la sensación de que la intervención del terapeuta, incluso si es rápida, tiene sólo pocos efectos, ya que la traducción atenúa el efecto de sorpresa buscado o permite sin mucho esfuerzo encerrarse en la denegación. Así, algunos pacientes contestan tranquilamente “yo no he dicho eso”, atribuyendo de manera explícita el lapsus al intérprete. No obstante, vemos cómo la “escucha”, en su sentido analítico, se sitúa otro tanto del lado del intérprete...

Además, una traducción demasiado fácil, demasiado fluida presenta un inconveniente. Puede incitar al paciente a instalarse cómodamente en un uso “conformista” o tradicional de su idioma, evitándole la sorpresa y la benéfica vuelta a sí mismo que procura el esfuerzo de la traducción. Es una forma de resistencia muy utilizada: algunos pacientes, aunque hablen un poco el francés, eligen dirigirse sistemáticamente al intérprete, como si este rodeo asegurara una protección, un compromiso menor en la palabra. El hecho de romper a hablar confronta forzosamente a la incertidumbre fundamental del lenguaje, esta frustración que nace del descubrimiento que uno no dice nunca exactamente lo que quiere decir. En la situación de a tres, esta confusión y esta “carencia que hay que significar exactamente” está transpuesta a la operación misma de traducción, cuando, en realidad, el objeto del debate es primero la enunciación misma. Al contrario, otros pacientes, aunque no hablen bien el francés, en seguida tratan de contestar en francés y sólo se vuelven hacia el intérprete cuando les falta vocabulario. Estas formas de hacer uso de la palabra corresponden a posiciones subjetivas muy diferentes respecto a la lengua y más allá, como lo vemos, respecto a la palabra. Quizás podamos deducir bastante rápidamente de ello un pronóstico, en términos de aptitudes más o menos sueltas hacia la psicoterapia.

Otros intérpretes prefieren (o no pueden hacer de otra forma) dejar que se digan varias frases, todo un fragmento de discurso, y sólo entonces ponerse a traducir. De este modo se trata más de resúmenes en los que todo un proceso de interpretación y de transformación ha tenido lugar. Ahí es cuando la implicación personal del intérprete es más manifiesta a través de olvidos, añadiduras, modificaciones, etc. Aunque sea menos explícita, ésta tampoco desaparece en la traducción simultánea. En estos casos nos alejamos de toda la riqueza de evocación que la literalidad de la declaración lleva consigo y las intervenciones están condenadas a referirse sólo al sentido y ya no a los obstáculos del discurso.

Se lleva un estilo muy diferente de entrevista cuando el intérprete es asimismo psiquiatra, psicoterapeuta o ha sido formado a las entrevistas con fin psicoterápico. El intérprete se vuelve también en un interventor de pleno derecho. El paciente se dirige entonces explícitamente a dos interlocutores. Estas entrevistas son sin duda las más fructuosas, pero presentan dificultades particulares. Durante la entrevista, cada uno de los terapeutas dialoga por turno con el paciente. El terapeuta-intérprete expone lo que se ha dicho en la lengua del paciente, a intervalos más o menos largos, sin interrumpir demasiado al paciente. Resume rápidamente sus propias intervenciones y las respuestas del paciente. No hay reglas establecidas para la toma de palabra, es decir que ante el silencio del paciente, uno u otro de los terapeutas se dirige a él. Evidentemente la ventaja es que el paciente se dirige directamente a un interlocutor del que sabe que lo escucha por sí mismo y no sólo para traducir sus palabras. El refugio en la confusión de la traducción ya no es posible. Una de las dificultades es conseguir reanudar con el diálogo anterior, servirse de lo que acaba de decirse para reanimar el discurso, si no, se corre el riesgo de establecer dos entrevistas paralelas y sin conexiones, cada uno de los terapeutas retomando cada vez el hilo de sus propias preguntas y asociaciones. No siempre superamos este escollo que a mi parecer va desapareciendo con la práctica. Por mi parte, la flexibilidad es la primera exigencia, con la atención a las palabras precisas del paciente. Así, fragmentos enteros de entrevistas tienen lugar en un solo idioma, y luego en otra.

Por consiguiente, la posibilidad para cada uno de intervenir se hace a expensas de una traducción precisa. Pero esto permite evitar lo que podría llamarse la “obsesivización” de la traducción.

Un ejemplo. Un paciente turco vino a vernos para una serie de síntomas ansiosos cuyas manifestaciones somáticas estaban descritas largamente y en detalle. Desde el principio de las entrevistas, a pesar de que el paciente supiera que el intérprete era también psiquiatra, lo asignó, sin que nos diéramos cuenta, a la función de intérprete. Desarrolló tranquilamente un discurso muy construido, muy poco espontáneo y sin espacio para la menor interrupción. Se dedicó a describir lo más sutilmente y exactamente posible lo que sentía, estimando, nos decía, que era lo que le pedíamos. Hablaba como un libro. Cuando el intérprete lo interrumpía para traducir, le decía “a ti”, y se levantaba para desentumecerse las piernas. Una vez acabada la traducción, retomaba con el mismo tono de descripción científica. Un día, llegó explicándonos que iba a decirnos unas cosas importantes que se le había olvidado mencionar hasta ahora. Y añadió dirigiéndose a mí: “el médico tiene que apuntar bien todo lo que digo, porque después puede que se me olvide”. En aquel momento nos dimos cuenta hasta qué punto nos habíamos dejado llevar dentro de una obsesivización del discurso que la toma de notas y la traducción sistemática consentían.

Otro ejemplo del uso de la situación de a tres como resistencia. Se nos mandó una paciente turca para una consulta. Estaba hospitalizada en un departamento de medicina para dolores vagos cuyo balance no indicaba ninguna causa orgánica. Me entrevisté primero a solas con ella. Manifestaba cierta voluntad de cooperar, pero hablaba muy mal el francés. Cuando llegó el intérprete, cambió de expresión y declaró inmediatamente que ya no quería seguir esta entrevista y que deseaba irse. No la volvimos a ver más. Por lo visto, esta mujer habría preferido una consulta en la que no hubiera podido decir nada y en la que yo no hubiera entendido nada. Las elaboraciones imaginarias que suscitaron este pavor quedan desconocidas para nosotros. Pero fue indudablemente el hecho de ser confrontada a su lengua lo que la hizo huir, como si este encuentro fuera en seguida asociado a una revelación intolerable. El dominio insuficiente de un idioma permite preservar y confirmar los síntomas.

2) Dificultades de la traducción misma

Las dificultades de la traducción, si nos referimos a la técnica escrita, pertenecen a registros diversos: el léxico, la sintáctica, la morfología, la entonación, a los que se puede añadir la marca del registro de lengua (familiar, protocolar, obsequioso, amanerado...) y, de manera primordial para nosotros, lo que sería la traducción de todos los tropiezos del discurso: lapsus, frases vagas, interrupciones, dobles sentidos, usos impropios o desfasados, vacilaciones, etc.

Todos estos niveles de dificultad corresponden tanto a caracteres propios al idioma traducido como al que se traduce. ¿Qué implica esta pérdida o este límite que la traducción impone? Por ejemplo, la pérdida de las sutilezas que permiten reconocer en las fórmulas de cortesía japonesas el rango exacto y el sexo de la persona a la que uno se dirige (cf. Hagège, 1987).

El francés contemporáneo es, a mi parecer, asexuado. Es decir que hombres y mujeres lo hablan grosso modo de la misma manera, con la tonalidad como única diferencia que permite reconocerlos. Se trata más bien de una excepción a escala mundial. La diferencia de los sexos se inscribe al centro del lenguaje, hasta el punto que es posible identificar el sexo del que habla por su manera de hablar, sin verlo. Hemos llegado a esta observación al evocar los chistes que se oyen en Argelia a propósito de hombres de cierta región (os toca adivinar cuál es) de los que se dice que “hablan como mujeres”. Algunos extreman esta particularidad hasta encontrarlos un poco afeminados. Además, parece ser que, antaño, una isla del Caribe sufrió una conquista tan total que los invasores diezmaron a todos los machos nativos de la isla, y sólo guardaron a las mujeres. Estos invasores hablaban otro idioma. Y al parecer las mujeres entre ellas se transmitieron su lengua de origen de generación en generación, pero sólo en el linaje femenino. De modo que hoy las mujeres hablan un idioma completamente diferente del de los hombres y que éstos no lo entienden. ¿Acaso se trata de una explicación histórica válida o del simple efecto de una vida social fundada en la separación de los sexos? Pueden citarse otros ejemplos para apoyar este fenómeno. Así, en el Magreb el acceso al árabe clásico está reservado a los hombres (sólo con la lectura del Corán), mientras que muchas mujeres sólo hablan el árabe dialectal. En Yibuti, parece ser que una diferenciación importante se haya establecido en las familias entre la lengua de los padres, de las madres y de los hijos. Por una parte, los padres entienden el francés (a causa de la colonización), y por otra parte, los numerosos matrimonios interétnicos unen a veces a un hombre y una mujer con dialectos diferentes. De modo que los hijos no hablan el mismo idioma con su padre y con su madre (Couchard, 1987). De hecho, lo mismo pasa con las familias inmigrantes, entre padres e hijos. Sea lo que sea, el idioma, en sus maneras, es portador de divisiones sociales y sexuales. ¿Cómo puede traducirse eso en francés?

3) Implicación de las lenguas y del acto de traducción

Podríamos definir el objetivo que perseguimos en esta situación de a tres de forma más poética: “devolver el amor a la lengua”. Además esto vale tanto para las psicoterapias de occidentales como para las de inmigrantes monolingües, bilingües o multilingües... Quizás hasta se trate del único motor terapéutico posible en psicoterapia, en la que la interpretación analítica en sentido estricto sólo tiene la oportunidad de surgir de manera muy excepcional. Entonces se trataría de volver a encontrar la función regocijante del relato y de sus modulaciones, el placer de contar historias, poco importa cuáles. Sea ésta, por ejemplo, una novela familiar y una mitología personal o una mitología más colectiva que abarque eventuales representaciones tradicionales, el objetivo es despertar cierto juego sobre el sentido, la polisemia de las palabras y de las representaciones. Así se pierde el carácter anecdótico del “juego de palabras”, si se acepta que el amor a la lengua no es más que otra formulación del amor a sí mismo. La reconciliación con uno mismo, a la que aspira la psicoterapia, tiene que pasar por ahí en todo caso. Pero se concibe fácilmente que para los pacientes extranjeros, esta relación con la lengua puede volverse dolorosa y cristalizar los conflictos.

Los efectos de la implicación de la lengua en psicoterapia

Caso clínico 1: El señor B. Sujeto turco, 40 años. De baja por mucho tiempo, le pidió a su médico internista que lo mandara a un médico turco del que había oído hablar en los Hospicios Civiles. Entonces vino explícitamente aquí para “hablar turco”. Por lo visto, este encuentro estaba sobreinvestido, portador de una esperanza un poco milagrosa. Sucedió a una larga serie de fracasos terapéuticos, tanto con psiquiatras privados como durante estancias hospitalarias.

Al principio vacilamos un poco. ¿Acaso teníamos que imponerle a este paciente entrevistas bilingües si venía para hablar turco? Esta vacilación podía interpretarse como nuestra propia participación al fantasma del paciente: los efectos mágicos del reencuentro con lo mismo, lo similar o el origen compartido. No obstante, decidimos dejar el marco bilingüe. Así veríamos que gracias a este marco aparecería claramente lo que estaba en juego.

Con todo, el señor B. dominaba un poco el francés y conseguía expresarse con más soltura de lo que esperábamos. Además, entendía la mayoría de las preguntas y de las intervenciones en francés y contestaba a menudo directamente (en francés o en turco), sin esperar el paso por la traducción.

Como podíamos imaginarlo, rápidamente el señor B. acabó sintiéndose frustrado, a la medida de sus esperanzas fantasmales. Su estado clínico no mejoraba. El discurso no se desplegaba, ni en turco ni en francés. El relato de su enfermedad y de sus quejas nos lo había hecho sólo una vez, al principio, y por lo visto constituía la repetición exacta de lo que ya había dicho a otros médicos. Este relato excluía activamente partes enteras de la vida y de la historia del paciente. Éste se negaba con rabia a contestar a las preguntas relativas a su pasado o a las relaciones en la familia, las cuales le parecían fuera de lugar.

La enfermedad estaba claramente circunscrita: tenía un comienzo preciso y una expresión precisa (insomnios, dolores y fatiga). Todo el resto era accesorio y sin interés. “¡Ocupaos antes de mi enfermedad que de mis hijos o de mi pasado!”, nos dijo el hombre.

De hecho, ni siquiera necesitaba hablar por lo visible que era la enfermedad. Parecía decirnos: “¿Sois ciegos?”. Actitud de repliegue sobre sí mismo, respiración jadeante, deglución ruidosa y penosa, sudores y ceño fruncido en una expresión innegable de sufrimiento. El cuerpo tiene como función mostrar la enfermedad, como si el registro de lo visual, de la exhibición pudiera agotar su significación para el otro, para el médico.

No era una casualidad si el señor B. mantenía constantemente los ojos bajados desde el principio de su enfermedad. “Ya no puedo mirar a nadie en los ojos”, nos dijo. Y durante este año y medio de atención médica, nada le hizo levantar la cabeza. Hablamos de “atención médica” porque quizás aún no se trataba de psicoterapia. La irritación del señor B. respecto a nuestras preguntas era contagiosa. Pasamos a la acción invocando diversos procesos psico-pato-psiquiátricos, hospitalizamos al paciente, soñando con los efectos de un tratamiento medicamentoso mejor llevado, con buenas dosis. Un mes de hospitalización y de tratamiento antidepresivo y neuroléptico no trajo ninguna mejora. El señor B. era igualmente reacio a la hipnosis.

Durante un tiempo, el psiquiatra turco se ocupó del señor B. a solas. Las razones de nuestra nueva acción sólo las conocíamos parcialmente en aquel momento. Las entrevistas iban mal. El Dr. K. sentía los efectos de una “transferencia negativa”, el resentimiento del paciente, quien se daba cuenta de que estábamos fracasando como los demás antes de nosotros.

Retomamos las entrevistas bilingües, tras una interrupción por las vacaciones.

Durante una de estas entrevistas, tuvimos una gran sorpresa. Después de una intervención, el señor B. empezó a hablar mucho y evocó por vez primera -de lejos- algo relacionado con el amor. La cuestión se refería a eventuales tratamientos tradicionales, el encuentro con hocas (curanderos tradicionales). En el pasado, el señor B. nos había mandado a paseo: “¡Yo no creo en todas estas cosas!”. Entonces se desarrolló un guión inédito en el que aparecía una vecina enamorada y celosa, la cual habría podido tener un papel después del matrimonio del señor B. Esta entrevista, este intercambio denso y abundante en el que el señor B. contestaba inmediatamente a las preguntas, tuvo lugar en francés. En la siguiente consulta el hombre estaba más relajado y retomó el hilo de su relato. En realidad era para señalar que los hocas de Turquía no pensaban que hubiera sido la víctima de esta mujer. Sin embargo, le habían dado muskas terapéuticos. Nos dijo que había dormido un poco mejor y nos pidió que espaciáramos las entrevistas, de modo que lo volvimos a ver sólo quince días después.

Volvió el silencio o más bien la invasión a través de la exhibición de su sufrimiento. Nos sentíamos decepcionados e irritados, ninguna pregunta conseguía reanimar el discurso, todo era inútil.

El Dr. K. se dirigió entonces al paciente en francés (por cierto, ¿por qué?). Era necesario que se volviera a definir el marco de estas entrevistas y que nos dijera lo que esperaba de nosotros. Nosotros no podíamos ayudarlo si no él hablaba. “¡Lo he dicho y lo he explicado todo!”. Muy freudianos, le repetimos que tenía que decirnos todo lo que le venía a la mente, que uno nunca tenía la cabeza vacía. En aquel momento, la cólera del paciente estalló, éste se levantó y vociferó: “¡Yo ya estoy harto doctor!”. Y añadió en turco: “¡No soporto que usted hable en francés, he venido aquí para hablar en turco!”.

¿Cómo interpretar estos diferentes movimientos en la psicoterapia?

¿Qué es lo que el señor B. esperaba de nosotros? Nada más que un efecto espejo, que nuestra mirada reflejara y confirmara el sufrimiento que nos dio a ver. La reivindicación de la vuelta a la lengua materna corresponde aquí a una descarga del campo de la palabra en beneficio del campo escópico. En sentido único además, ya que los ojos bajados prohíben todo efecto proveniente de la actitud o de la mímica del terapeuta. El aislamiento, el encierro narcisista es completo y defendido con aspereza.

Este caso muestra toda la ambigüedad de la implicación de la lengua materna. El paciente viene para hablar en turco, pero consigue salir del discurso quejumbroso estereotipado con el francés. Sobre todo no soporta que su “hermano” de lengua (veremos a continuación lo mucho que esta imagen es operante aquí) cambie de lengua para dirigirse a él. Como si verdaderamente se le forzara a arrancarlo a su fantasma de comunión de lengua o a su apego a la lengua materna. Fantasma, porque su deseo parece ser el de hablar en francés... Entonces tenemos un doble movimiento contradictorio: el refugiado obstinado en su lengua materna y el deseo de salir no de la lengua, sino de lo que representa para él y que proyecta en el intérprete.

La situación de a tres permite desdoblar estos dos movimientos a través del juego transferencial que se instaura, y vemos que se trata a la vez de reconciliarse con su propia lengua, pero también de arrancarse de ella como lengua de la madre, la de los primeros lazos alienantes.

Caso clínico 2: El señor S. Se trata de un paciente argelino que vive en Estrasburgo con su familia y sus hijos. Nos fue mandado por lo que un médico cualificaba de hipocondría delirante. Su recorrido médico era ya largo y grave. Resumamos la situación: El señor S. había sido operado en neurocirugía a causa de dolores lumbares-ciáticos. Su estado no había mejorado desde aquella intervención, al contrario. Y desde entonces iba de médicos en médicos, en busca de un tratamiento que por fin lo aliviara. Ninguna reivindicación financiera, pero sí una petición reiterada y exigente de exámenes complementarios (radiografías y más). Además de los dolores, que le daban un modo de andar de paralítico cerca de la astasia-abasia, sufría una gran angustia. La evolución del discurso fue rápida y espectacular. Primero, sólo estaba centrado en sus quejas somáticas, adoptaba un lenguaje técnico y médico adquirido durante sus numerosas consultas y hospitalizaciones (“radiografías”, “escáner”, “vértebras”, “discos”, “hernias”, etc.). No obstante, desde las primeras entrevistas evocamos con el paciente otros aspectos que ampliaban a la vez el tipo de trastornos expuestos y las hipótesis etiológicas que formulaba. De entrada nos había hecho un favor al aludir a viejos conflictos con sus hermanos. Entonces nos contó un episodio anterior a la intervención quirúrgica: al salir de su casa, se había caído en las escaleras, lo cual le había hecho “perder la cabeza” en los días siguientes. Hasta el punto que, en aquella época, al sentirse muy angustiado pensaba en un origen mágico. Al año siguiente le sucedió un acontecimiento extraordinario que lo dejó muy perplejo. Cuando estaba en cura termal en Argelia, fue preso de violentos dolores genitales. Entonces se dio cuenta de que sus testículos se habían hendido y que de ellos salía un líquido amarillo y ardiente. En seguida se sintió aliviado, no sólo de sus dolores genitales sino también de las lumbalgias que sufría desde hacía meses. Reconoció que en aquel momento había tenido dudas en cuanto al origen de sus dolores lumbares: ¿intervención quirúrgica o abstinencia sexual? En efecto, su actividad sexual había disminuido desde hacía unos años.

Cada vez que evocaba un elemento de este tipo, en seguida lo contrarrestaban nuevas reivindicaciones de exámenes complementarios y de radiografías. Dos discursos paralelos y rigurosamente compartimentados se establecieron. La alusión a las explicaciones tradicionales por parte nuestra tuvo un efecto inmediato, mezcla de sorpresa, desconfianza, irritación, incredulidad, pero también mucha curiosidad. Las marcas que parecían mejor establecidas estaban revueltas y el corte imaginario entre la medicina y el mundo de los tolbas había sido trastornado (parece ser que sólo la evocación del mundo mágico pueda permitir en este caso ver desplegarse el discurso personal, el pasado, la familia...).

El relato de otra sesión, un poco tardía, nos permitió acercarnos a uno de los mecanismos que autorizan la apertura del discurso. Más tranquilo y realmente interesado por la vía sin balizas que le proponíamos, en ruptura con el discurso médico que quería oír, el paciente se mostró muy atento al trabajo de traducción y a los efectos del paso de un idioma a otro. Así, durante la secuencia en la que oponía las causas orgánicas y psíquicas, empleó el término árabe nafsia. Al oír el intérprete traducir sus palabras utilizando el término “psychique” [“psíquico”], preguntó: “¿Qué es nafsia en francés?” (La palabra traducida por “psíquico” era en este caso nafsia). El paciente entendió la alusión sexual del término, lo cual lo incitó a hacer otra pregunta de traducción y descubrió que “reuma” se traducía por brouda, término en árabe que designa más bien el frío y hacía explícitamente referencia al enfriamiento de la actividad sexual. Vemos entonces cómo se establecen nuevos lazos, puentes lingüísticos, nuevos sentidos creados por la actividad de traducción, y más aún cuando el sujeto es bilingüe y se implica en este juego lingüístico. A través de estas palabras son universos semánticos previamente desunidos los que se encuentran comunicados y se abren a nuevas posibilidades. Había, por una parte, el universo médico y tecnológico que estribaba en un vocabulario francés cuyos términos sólo eran portadores de un poder de evocación reducido, y hasta eran monosémicos; y por otra parte, el universo más personal, más psicológico podríamos decir, que se fundamentaba en significantes árabes mucho más evocadores, llenos de sentidos y de alusiones a la vida sexual por ejemplo.

Entonces el efecto psicoterapéutico proviene aquí de la implicación de la lengua como lengua que es posible traducir, es decir por la aparición del deseo de traducir y el placer que resulta de ello. Este placer resulta de una liberación que también es un luto: el abandono de la creencia en el significado unívoco de las palabras. La presión de las palabras técnicas de la lengua médica se afloja y quizás sea por eso que las actitudes reivindicadoras agresivas se esfuman tan fácilmente en la situación de psicoterapia bilingüe.

Por último, cabe notar que el registro del francés técnico se emplea en beneficio de la neurosis, como resistencia, del mismo modo que el recurso a explicaciones médicas. De hecho, este paciente desconfiaba de los tolbas e incluso de los médicos de su país que arriesgaban con hacerle preguntas más personales (en el momento del “episodio testicular”, éste no había tenido consulta en Argelia, sino que para ello había esperado su vuelta a Francia, para poder tronar contra el médico que incriminaba una infección venérea...).

BIBLIOGRAFÍA

CERTEAU (de) M (1985) «L’actif et le passif des appartenances» [“Lo activo y lo pasivo en las pertenencias”], Esprit, Juin 1985, pp155-171.

CHABANE M (1989) «Problèmes d’entretien clinique face aux consultants du Maghreb» [Problemas de entrevista clínica frente a los consultantes magrebíes], Psychanalystes, n°31, 7-31.

COUCHARD F (1987) «La parole des mères. Parole structurante pour les filles dans la culture musulmane» [La palabra de las madres. Palabra estructurante para las hijas en la cultura musulmana], Perspectives Psychiatriques, n°8(3)198-206.

HAGEGE C (1987) «La traduction, le linguiste et la rencontre des cultures» [La traducción, el lingüista y el encuentro de culturas], Diogène, n°137 (jan-mars 87), 24-34.

ONDONGO J (1987) «De la clinique ethnopsychiatrique aux problèmes médico-sociaux des migrants. L’usage, la fonction et le statut de l’interprète culturel» [De la clínica etnopsiquiátrica a los problemas médico-sociales de los migrantes. Uso, función y estatuto del intérprete cultural], Migrations Santé n°52, pp11-17.

YAHYAOUI A (1987) «Réflexions à propos du cadre interculturel» [Reflexiones acerca del marco intercultural], Migrations Santé, n°53, pp. 20-21.

Karina Girardeau

http://www.psf-esp.com/spip.php?article24

sábado, 21 de julio de 2007

La experiencia de la clínica transcultural en Estrasburgo

Doctor Bertrand Piret.
Traducido del francés por YM García Sepúlveda
Viernes 24 de febrero de 2006

Resumen
La creación de la Consulta de Psiquiatría Transcultural en los Hospitales Universitarios de Estrasburgo se encuentra dentro de un contexto, una significación, un objetivo y efectos particulares. Su contexto político es el de la carencia en Francia de toda política de integración para las personas inmigrantes o refugiadas, con las respectivas consecuencias en términos de acceder a una atención médica. La mayor importancia de esta consulta es presentar un servicio público dirigido a personas de origen extranjero, con el objetivo de facilitar su total acogida en los dispositivos de escucha activa y de atención médica, especialmente al ofrecerles hablar en su lengua materna (entrevistas con intérprete). Con esta acción, la psiquiatría pública participa junto a otras instituciones en este papel político esencial de producción de filiaciones simbólicas. A pesar de las apariencias, el objetivo de la consulta no difiere del propio al psicoanáisis e implica el desciframiento del inconsciente. Sus efectos se miden a través de los cambios en el discurso detectados en los pacientes... y a través de los terapeutas que intentan esta labor.
Palabras claves: inmigración, integración, clínica transcultural, intérprete, psiquiatría pública.
Quizás no sea inútil al abrir este encuentro y antes de entrar en los temas clínicos, de nosografía y psicopatología, precisar el marco dentro del cual se inscriben en Francia tanto las prácticas clínicas y terapéuticas como las elaboraciones teóricas relativas a los inmigrantes y los exiliados.
Bajo el concepto de marco, considero las condiciones específicas del contexto político, social, económico, administrativo y de sanidad civil que permiten saber de quien se habla en la práctica cuando se evoca la migración y el exilio. Conocer y tomar en cuenta este contexto resulta necesario para la práctica clínica y asimismo para la reflexión psicopatológica. Ignorarlo significa condenarse a permanecer preso de los esquemas generales y abstractos, insuficientes para describir y entender la realidad humana a la cual nos enfrentamos y de la cual podemos dar testimonio. Además, esto permitirá percibir la importancia y el significado de la creación en Estrasburgo de una consulta médica políglota o transcultural.
El contexto político
Mas allá de la banalización del racismo en algunos discursos políticos electoralistas sobre la cual no es necesario extenderse en demasía, el contexto político francés en materia de inmigración puede resumirse básicamente en una frase: no existe y no ha existido jamás en Francia una política de integración para los extranjeros.
Esto quizás podrá sorprender o impactar a más de una persona, pero es un hecho al que hay que atenerse, antes de cualquier reflexión sobre los desafíos de la migración en materia de salud mental y de psicopatología. ¿Sobre qué se basa esta afirmación? Sobre la ausencia casi absoluta, antigua y persistente en el seno de los textos legislativos y de las circulares administrativas, independientemente de donde procedan, de la más mínima referencia acerca de la necesidad de facilitar la integración de los inmigrantes y de los exiliados. Por supuesto, las leyes y la administración hacen referencia a los extranjeros para establecer los estatus de su acceso al permiso de residencia, al trabajo y a la nacionalidad - se trataría en ese caso de una política de inmigración-, pero en ningún caso, una política de envergadura se ha preocupado explícitamente por definir las condiciones que se deben crear para favorecer la integración dentro de la nación de los extranjeros y sus descendientes. Esta carencia quedó demostrada recientemente por un alto funcionario del estado francés, bastante bien ubicado para saber a lo que se refería ya que estuvo varios años a la cabeza del FAS (Fonds d’Action Sociale en faveur des familles immigrées et leurs familles [1], ahora denominado FASILD), único organismo oficialmente encargado, entre sus diferentes tareas, de la integración de los inmigrantes. Bajo el seudónimo Jean Faber, describe minuciosamente en su obra "Les indésirables. L’integration à la française [2]", lo que él denomina "la magnitud del desastre". Algunas cifras resultan más reveladoras que una larga explicación, cifras que recojo de Jean Faber.¿Cuál es el monto de los créditos estatales específicamente asignados a la integración de los inmigrantes? Si se suma los de las únicas tres oficinas oficialmente encargadas de la población inmigrante: el de la Dirección de Población y de Migraciones (DPM: 72 millones de francos [3]), el de la Oficina de Migraciones Internacionales (OMI: 250 millones de francos [4]), más el del FAS (que, dicho de paso, a pesar de ser el único instrumento de acción oficial a favor de la integración ¡precisamente no es financiado por el Estado!: 1,260 millones de francos [5])y algunas migajas provenientes de los consulados, de las prefecturas y de los servicios universitarios que atienden a estudiantes extranjeros, se llega a un máximo de 2 mil millones de francos [6]. O sea, si se compara con los ministerios más pobres : 8 veces menos que para el de Cultura, casi 2 veces menos que Medio Ambiente y que Juventud y Deportes. Este presupuesto representa el 1% de los gastos del Ministerio de Asuntos Sociales, etc. Además, representa tan sólo entre 500 y 1000 funcionarios (de los cuatro millones con los cuales cuenta la administración) para "administrar" entre 3,5 y 4 millones de extranjeros en Francia. Prosigamos con Jean Faber: "Estos 2 mil millones son vergonzosamente irrisorios ya que, bajo la perspectiva de los desafíos -dar alojamiento rompiendo con la discriminación, formar y dar empleo, socializar, enseñar el idioma y otorgar acceso a la sociedad- los medios de intervención (mil millones, sea un buen o un mal año) son ridículos e irrisorios ya que, bajo la perspectiva de la población a tomar en cuenta y de las dificultades por las cuales pasan -el simple contacto con la administración en sí representa una dificultad-, los medios para el funcionamiento (un par de cientos de millones) pueden tan sólo financiar personales esqueléticos de funcionarios mal pagados y poco formados para sus labores. Irrisorios pero sobre todo vergonzosamente irrisorios, las buenas intenciones fracasan ante la realidad de los medios concedidos para apoyar a los inmigrantes".
Ya que, por supuesto, el discurso político no deja de proponer reformas e incrementar los medios mientras que desde hace 10 años, los créditos se estancan o bajan...
¿Cuáles son las razones o más bien los argumentos que intentan justificar esta carencia? A decir verdad, no se dice absolutamente nada acerca de lo que podría justificar este silencio por parte de las instituciones del Estado acerca de la integración de los extranjeros. Pero a las caras largas se les explica que todos los presupuestos del Estado la conciernen: "los créditos de la ciudad, de la educación y todos los otros gastos sociales contribuyen a la integración, pero siempre indirectamente, segundariamente y a pesar de esto, no son casi nunca utilizados para este fin ni las medidas que ellos financian están concebidas en esa dirección". Asimismo, se citan los créditos asignados -recientemente- en el marco de la lucha contra la exclusión, pero además sobre este aspecto ¿porqué los inmigrantes deberían convertirse en "excluidos" para merecer una integración? Dicho de otra forma, lo que se rechaza en ese punto es la idea misma de la necesidad de una política autónoma en materia de integración, lo cual encubre otro rechazo: considerar que los inmigrantes y sus familias pueden tener dificultades específicas y distintas de los otros grupos de la población francesa y que merecen un cuidado y un trato particular. No insistiré acerca de la influencia en este debate sobre cierta idea de "republicanismo" y su feroz desconfianza con respecto al "comunitarismo". Podemos esperar que algunos candidatos a la Presidencia de la República se encarguen de alzar este tipo de vacuidades.
La psiquiatría pública y los extranjeros.
Quizás se empiece a entender la razón de esta larga introducción política a mi intervención y a nuestra jornada... En efecto, dentro de este contexto general que niega la necesidad de una política de integración, ¿dónde la sanidad pública y, más precisamente, la psiquiatría pública pueden situarse? No es necesario ser un sociólogo perspicaz para constatar que las prácticas de sanidad pública, como las de la psiquiatría pública, marchan al ritmo de esta política general, o más bien al de la ausencia de esta. ¿Cómo se traduce esto concretamente? Por una ausencia casi generalizada en el territorio francés de dispositivos destinados específicamente a optimizar el acceso a atención médica para las personas extranjeras o de origen extranjero, ya sean inmigrantes, con nacionalidad francesa o no, refugiados políticos con estatus o solicitantes de asilo, solicitantes al derecho de asilo desestimados o incluso beneficiadores del asilo territorial...
La ironía de la situación, que la vuelve aún más injustificable, es que desde que se tomaron medidas legislativas en el marco de la lucha contra la exclusión, todas estas personas pueden verse beneficiadas por el sistema de atención pública, al menos a través de la CMU [7]o de la "Ayuda Médica del Estado", lo cual no es factible en muchos otros países europeos. Por lo tanto, resulta particularmente escandaloso que actualmente en Francia un importante sector de estas comunidades se encuentre aún condenado a permanecer excluido de la atención médica pública y que no se beneficien más que, en el mejor de los casos, de la buena voluntad de asociaciones como Médicos sin fronteras y de los centros de consultas gratuitas que estas ofrecen.
Por supuesto, uno de los factores que explica esta situación es la ignorancia de sus propios derechos por parte de las personas afectadas. Dispositivos recientes (los PASS: Permanences d’Accès aux Soins de Santé [8]), como la Boussole en los Hospitales Universitarios de Estrasburgo, intentan paliar esta dificultad. Pero otros dos factores son igualmente redhibitorios: por una parte, la ausencia de familiaridad con una administración sinuosa que a menudo no prevé un dispositivo específico, y por otra parte el obstáculo del idioma, que constituye sin duda alguna la fuente de mayor dificultad.
La Consulta Transcultural
Hay que situar la creación en el año 1990 de una "Consulta políglota" en la Clínica Psiquiátrica de los Hospitales Civiles de Estrasburgo, aún denominada "Consulta Intercultural o Transcultural", dentro de este contexto político general y en el contexto particular de las prácticas de la psiquiatría pública. Iniciada a partir de la idea y del deseo de algunos: Karim Khelil, Pierre Lagarde y yo mismo, muy rápidamente se juntaron unos cuantos más: Nicole Klein, Ahmet Kaptan, Ana Podjarny, Fatih Karaman, Jean-Marie Heinrich, Alain Bihr, Francis Gaub entre otros, gozando del apoyo y de la confianza sin equívoco del Prof. Lucien Israël que era entonces jefe de servicio, y luego de los Profs. Danion y Patris, esta consulta se convertiría en el epicentro de una pequeña revolución regional.
Un seminario de investigación y de educación "Psiquiatría, psicoterapia y cultura(s)" acompañaría desde el principio esta nueva práctica y la enriquecería con la reflexión y los intercambios de numerosos profesionales habilitados e investigadores, franceses o extranjeros, involucrados en este campo y que se han unido a nosotros a lo largo de estos últimos 11 años. Algunos de ellos han aceptado venir hoy a Estrasburgo para continuar este "compañerismo" en un marco diferente. Hace un poco más de un año, esta práctica se extendió a numerosos colegas gracias a la constitución de una red - la red RESPIRE- , de la cual hablaré mas tarde.
Pero retomemos los desafíos y la importancia de la creación de esta consulta en el año 1990. Por nuestra formación psiquiátrica y psicoanalítica en Estrasburgo, por ejemplo con el Prof. Lucien Israel, ninguno de nosotros estaba seducido por lo que se venía como viento en popa: la "nueva etnopsiquiatría" de Tobie Nathan, cuyo mérito, sin embargo, en esa época era llamar la atención sobre lo que acabo de denunciar, es decir: no considerar las verdaderas dificultades de las personas inmigrantes y refugiadas en el acceso a la atención médica y el compromiso de un tratamiento psiquiátrico o psicoterapéutico para dichas personas.
No obstante, éramos sensibles, vaya a saber usted por qué, a diferentes asuntos. Por ejemplo a la ineptitud teñida de racismo de ciertos diagnósticos, como el de la histeria o de síndromes mediterráneos, sensibles a la evolución sistemática de estos diagnósticos en los informes médicos de los pacientes extranjeros hacia un diagnóstico de sinistrosis, luego paranoia o delirio de perjuicio, retroalimentando una estadística que nos parecía algo sospechosa... A su vez, advertíamos que muy pocos de estos pacientes inmigrantes "se agarraban" de las consultas propuestas en los policlínicos y que el trabajo psicoterapéutico se interrumpía muy pronto. Y luego percibimos los límites de la psiquiatría de "control", aquella a la cual uno es reducido cuando no entiende el idioma del otro -la que prefiero llamar psiquiatría veterinaria, puesto que esta denominación precisa el estatus otorgado a este otro al que se priva de la palabra-: las idas y venidas entre el hospital, donde se "observaba" el comportamiento tan tranquilo y tan amable de tal paciente, y su domicilio, donde su marido agotado contaba que ella acababa de romperlo todo otra vez, para que en cinco minutos de entrevista en su lengua materna, nuestro colega turco diagnosticara un delirio paranoico típico...
Por supuesto, ya se acudía a intérpretes en la psiquiatría antes de la creación de esta consulta pero sólo de manera puntual y a fin de cuentas, muy rara vez. En todo caso, jamás un tratamiento ambulatorio psiquiátrico o psicoterapéutico era llevado a cabo a largo plazo con la participación del mismo intérprete. Esto es precisamente lo que hemos decidido poner en práctica: una colaboración más estrecha con la asociación Migrations Santé Alsace que recluta, forma y provee intérpretes desde los años setenta en Estrasburgo, lo cual nos ha permitido proponer sistemáticamente a los pacientes no francófonos o "poco francófonos" expresarse en su idioma.
Los efectos no se hicieron esperar: el involucramiento nunca antes visto por parte de algunos pacientes en el trabajo psicoterapéutico, a veces a muy largo plazo, interrumpiendo a menudo el ascenso yatrogenizante de los circuitos médico-quirúrgicos a través de los cuales ellos intentaban hasta ese entonces hacerse escuchar y que sus quejas fueran tomadas en cuenta, el descubrimiento de constelaciones psicopatológicas más complejas y precisas que los supuestos "síndromes mediterráneos" y diferentes de las "sinistrosis", reducción y a menudo desaparición del tono reivindicativo, a veces agresivo, que parecía caracterizar a algunos pacientes a partir del momento en que recobrar el uso de su lengua materna apartaba el sentimiento de no ser comprendidos, apoyo psicológico al fin posible para los numerosos solicitantes de asilo y refugiados, prisioneros de la reiteración mortífera de los traumatismos sufridos bajo la tortura, la prisión y el exilio (lo que conduciría rápidamente a la constitución de una red de participantes que recurrieron - y siguen haciéndolo- regularmente a nuestros servicios al detectar tales sufrimientos psíquicos: asociaciones y servicios sociales comprometidos con la ayuda a los inmigrantes y los solicitantes de asilo).
A su vez, descubriríamos la necesidad ¡pero muy estimulante!, de revisar nuestra clínica, nuestra nosografía y en términos generales nuestro razonamiento psicopatológico con el fin de integrar los nuevos elementos que descubrimos con esta práctica:
* Los efectos relacionados con la traducción, del paso de un idioma al otro o del bilinguismo
* Los efectos del desplazamiento en sí, de la migración o del exilio en sus relaciones complejas con del deseo de exilio, muchas veces oculto, reprimido, incluso avergonzante
* Los trastornos genealógicos y familiares que presisten en una situación de exilio
* La sideración subjetiva inducida por los traumatismos y por la espera interminable de un estatus para todos estos solicitantes de asilo que viven una suerte de paréntesis en sus vidas durante dos, tres o más años, sin derecho a trabajar y sin pertenencia legal, privados de toda posibilidad de tomar las riendas de su propia vida
* Las incidencias clínicas de la relegación social a través de puestos de empleos los menos calificados y los más duros, la ausencia de acceso a la formación profesional y el alojamiento en los barrios más "difíciles"
* La real exclusión social de los clandestinos y de los desestimados del derecho a asilo
* El peso de los traumatismos colectivos, de la historia y de sus silencios sobre la subjetividad.
En fin, todos los problemas clínicos y psicopatológicos planteados por considerar la "cultura", término bastante vago cuando se trata de distinguir tanto las identificaciones imaginarias, los sentimientos de pertenencia a una cultura de origen a menudo idealizada, así como los trastornos producidos por la ruptura de los lazos de filiación simbólica a la comunidad, a los significantes y a las referencias que constituían al sujeto dentro de su antiguo grupo social.
Tantas temas polémicos y escurridizos, tanto es así que conducen naturalmente a respuestas simples y simplistas, como las que proporciona hoy en día el culturalismo ordinario, atribuyendo de manera mecánica el conjunto de las dificultades de los migrantes a la existencia de una diferencia cultural tan insuperable e invariable como el programa genético de un individuo. El discurso sobre la diferencia cultural esconde las mejores intenciones así como las peores de ellas. Entre la reivindicación trivializada "de un derecho a la diferencia" a la radicalización de estas diferencias en las teorías de la extrema derecha (que desde ahora ha substituido el racismo biológico, que no era lo bastante "políticamente correcto" por la teoría del "diferencialismo") ¿qué queda del concepto de diferencia manipulado de este modo? Si las diferencias culturales son tan insuperables y tan ancladas en la psicología y la personalidad de los sujetos, ¿qué puede ser mas fácil para un político demagógico que declarar a los extranjeros "inasimilables" y para la etnopsiquiatría -versión moderna- preconizar el "regreso terapéutico al país" o la creación de "ghettos respetuosos de las diferencias"?
Este desafío es evidente, se encuentra en el esfuerzo intelectual (y práctico para nosotros: clínicos, terapeutas, trabajadores sociales) que consiste por un lado en reconocer la especificidad de una experiencia -la del exilio- y una situación -la del extranjero-, y la especificidad de las referencias que estructuran el mundo simbólico de estos sujetos, y por otro lado rechazar la reducción de la identidad de los que viven esta experiencia a los rasgos de la cultura que (precisamente) han abandonado y la atribución de sus dificultades al supuesto divorcio entre las culturas, o incluso a un supuesto "conflicto de civilizaciones" al cual asistimos actualmente en el lamentable reciclaje mediático.
El servicio y su significación simbólica - el papel de la psiquiatría clínica
Pero, sin duda alguna, durante esta jornada tendremos la ocasión de retomar con nuestros invitados estos puntos fundamentales. Quisiera por ahora continuar con mi reflexión con respecto a las significaciones implicadas por la creación de la Consulta Transcultural.
Los pacientes a los cuales esta consulta médica está dirigida eran personas a las cuales hasta resultaba difícil realizar el trámite de ir al centro de la ciudad para acudir a la consulta psiquiátrica, como pudimos percatarnos en el policlínico de psiquiatría (en las Consultas Externas) debido al obstáculo del idioma, como ya se ha dicho, pero también debido a una absoluta ausencia de familiaridad con la psiquiatría, y más aun con la psicoterapia. Una gran parte de ellos son inmigrantes llamados "económicos" (para retomar una categoría sociológica útil pero psicológicamente muy insuficiente), provenientes de regiones rurales y muchas veces analfabetas, no sabiendo ni leer ni escribir en su propio idioma. Salvo alguna excepción, a ninguno se le hubiera ocurrido consultar a un psiquiatra o hubiera imaginado poder sanar por medio de la palabra. La medicina occidental para ellos es identificada como eficiencia técnica y farmacéutica, y súbitamente, sus síntomas comienzan a ser tramitados y esta demora es adjudicada al médico: llegan para hablarle de su cuerpo y ¡es más aún! ni siquiera confían en su bisturí. Además, algunos extranjeros poseen imágenes tan negativas de la psiquiatría que les resulta en un primer tiempo impensable acudir a una consulta. Es el caso, por ejemplo, de algunos refugiados de los países del este, quienes conocieron los "encantos" de la psiquiatría de la época soviética.
Dos ejemplos entre muchos otros que explican, si se quiere realmente favorecer el acceso a la atención de salud mental de estas comunidades, por qué resulta necesario hacer una propuesta explícita y públicamente. Es lo que hemos hecho desde el principio, acarreando de esta manera una cierta desconfianza y el siguiente reproche: dirigiéndose de este modo a las comunidades extranjeras ¿acaso no se va agravar aún más la segregación de la cual son víctimas? ¿Si se deja creer que sus dificultades provienen de una cultura diferente, cuándo en realidad sabemos muy bien que son seres humanos, como usted y yo, etc? Hemos aceptado el riesgo de pasar por etnopsiquiatras, en el mal sentido del término, haciendo la apuesta de que la práctica que sosteníamos iba a permitir a largo plazo demostrar que los beneficios de esta tarea son superiores a los riesgos expresados en estas reticencias.
¿No es contradictorio o incluso algo hipócrita preconizar una igualdad estricta de tratamiento con los pacientes franceses bajo el pretexto de defender la integración de los extranjeros, cuándo esta igualdad de tratamiento les prohíbe de hecho acceder al sistema público de atención pública?
Pero la significación de este servicio público llega más lejos. Responde a otras razones que conciernen, más allá de los obstáculos ya mencionados, lo que se puede llamar -retomando la acertada expresión de Alice Cherki- la posición de impedimento subjetivo de muchas de estas personas. ¿Qué significa esto?
Un cierto número de personas, por ejemplo dentro de la comunidad de los migrantes, se caracteriza por una especie de aparente extinción del deseo: en ellos la demanda ha desaparecido, la palabra se ha reducido y se limita al registro de la necesidad, del cuerpo, o incluso de la supervivencia, el síntoma en su sentido estricto está ausente. Esto no encaja con la formula lacaniana de la indestructibilidad del deseo, que se ha vuelto un dogma en algunos círculos analíticos. Sin embargo, no nos queda más que deducir de estas situaciones una conclusión poco ortodoxa: la estructura edípica que funda la subjetividad y autoriza el juego de la palabra y del deseo es eminentemente frágil. Requiere "condiciones de posibilidad", cuya ausencia induce una suerte de "precariedad del deseo".
Es un desafío contemporáneo para el psicoanálisis y la psiquiatría (al menos para la que aún cree en la psicopatología "dinámica" y no se conforma con nomenclaturas desvanecidas de importación estadounidense) realizar un informe y un análisis de estas "condiciones de posibilidad". En otra área, diferente pero de actualidad, el de las violencias colectivas y de los masacres ¿quién podría negar el hecho que masas enteras se desentiendan de sus subjetividades para someterse a las órdenes del primer tirano que aparece?
La palabra y el deseo, y por consiguiente el Edipo, necesitan un marco, una base, una referencia (como se quiera decir) gracias a los cuales el "sufrimiento" podrá expresarse simbólicamente a través de las manifestaciones del conflicto intrapsíquico y del síntoma (en el sentido psicoanalítico). Todas estas formas de "precariedad" son susceptibles de abarcar este "marco": precariedad económica, social, política, cultural... O sea todo lo que va separar, desafiliar el sujeto de sus lazos, desconectando de ese modo, retomando los términos de Pierre Legendre, "el sujeto del inconsciente" y el "sujeto político" que necesariamente deben estar involucrados para el régimen de la vida humana, para la constitución del ser humano como sujeto, por y dentro de las "instituciones".
Dicho de otra manera, el sujeto desafiliado de este modo se encuentra privado del Otro - el gran Otro de Lacan-, es decir, no está ante un Otro carente, deficiente, decepcionante, destrozado, etc., sino que radicalmente abandonado por el Otro, en el sentido preciso en que nada más tiene sentido para él, no tiene referencia alguna ni alguien para quien su existencia pudiera tener aún un sentido. Cuando se dice que el deseo no se sustenta sólo por el deseo del Otro, esto también quiere decir que sin esta suposición que origina la existencia, sin esta primera demanda fundamental dirigida al sujeto y que lo reconoce en un deseo posible, el régimen de la palabra se derrumba. Ningún ser humano, aunque sea la era del individualismo triunfante, puede asumir por sí solo su propio deseo y el deseo del Otro que lo condiciona al mismo tiempo. Es cuando ese Otro se desvanece, se ausenta o se descalifica (como por ejemplo en el caso de los poderes dictatoriales y del terror) que se presencia estos hundimientos melancoliformes que precisamente marcan el paso de la posición de sujeto a la de objeto, siempre del lado del deshecho. Observamos regularmente estos hundimientos en los inmigrantes, sea cual sea la forma sintomática que puedan tener.
Es precisamente en este nivel que la institución interviene, en el sentido al que se refiere Pierre Legendre, y donde opera este recobramiento de dos niveles que se relacionan necesariamente para el advenimiento del sujeto: por una parte la familiaridad del texto, las ímagenes fundadoras de una sociedad y las ficciones políticas y sociales que lo expresan, y por otra parte la identificación edípica, tal como se actualiza en las diferentes versiones de la familia.
Quizás entonces se entienda mejor el sentido de una propuesta en dirección a estos sujetos y el papel de la psiquiatría pública en este contexto. Resulta primordial en el sentido que las personas involucradas no poseen los medios para recurrir a atención psicoterapéutica en el sistema privado y liberal. A su vez, la psiquiatría pública representa la Institución en su sentido concreto, es susceptible de operar a través del mensaje que dirige a estas comunidades el reconocimiento y el restablecimiento de las filiaciones simbólicas que, precisamente, les falla. Sin embargo, falta aún que la psiquiatría acepte y asuma el papel y no se escuda tras una actitud hipócrita de objetividad médica o de purismo "psiquiátrico" que reserva la atención médica para las patologías psiquiátricas graves y debidamente identificadas (en la práctica, las grandes psicosis agudas o crónicas). Debe escoger entre el objetivo restringido de borrar síntomas psiquiátricos y un objetivo más ambicioso de defensa y de restauración de la subjetividad de los "usuarios".
La experiencia llevada a cabo en Estrasburgo desde hace ya 11 años indica que tal actitud es posible. Una clara oferta ha sido realizada, con el relevo por colegas asociados e involucrados. No importa mucho si se insiste sobre el acceso a la atención o el servicio de palabra y escucha activa, el sentido del mensaje es el mismo: significa por medio de este servicio público el reconocimiento de la pertenencia común de las comunidades de origen extranjero a las instituciones (en este caso a la atención médica) de la República (y justamente no lo contrario, su exclusión estigmatizante). El servicio en el que se puede hablar en la lengua materna no se reduce a efectos puramente técnicos. Este esfuerzo es el esfuerzo de reconocimiento de los sujetos en el lugar mismo donde sus identificaciones son a la vez las más fuertes y las más malogradas. El reconocimiento, según Lacan, siempre debe entenderse en el sentido de ir al reconocimiento de. Es precisamente este movimiento el que está, en mi opinión, implicado en este dispositivo, y más allá del idioma como instrumento de comunicación, es el conjunto de lazos simbólicos de un sujeto (Legendre habla de "hilos") a través de los significantes de su cultura y de sus ideales que de este modo son explícitamente reconocidos como constitutivos de su ser. Es lo que hace que la Consulta sea identificada por las propias comunidades, por lo que es desde este punto de vista del esfuerzo del reconocimiento y por lo que se le consulta por muchas más razones que por el simple hecho de poder hablar en su lengua materna. El efecto opera de igual modo para los francófonos ¡y muchas psicoterapias prescinden de intérpretes!
El objetivo psicoanalítico
Sin embargo, ustedes me dirán ¿cómo pretender en este marco tan poco ortodoxo seguir referiéndose a psicoanálisis ? Es cierto que nuestros pacientes rara vez tienen el perfil tipo del candidato al análisis. Es cierto que parece descabellado hablar de psicoterapia analítica cuando no se entiende nada del discurso del paciente, el que es restituido por una tercera persona. Es cierto que en esta práctica somos llevados a preocuparnos o incluso a involucrarnos en problemas sociales, económicos, administrativos que teóricamente no tienen mucho que ver en el transcurso de una "cura-tipo". Pero ¿quién ha definido alguna vez este perfil tipo del candidato y esa cura-típica? El propio Lacan ¿no insistió acaso sobre "las variantes de la cura-tipo"?
¿Acaso debemos preocuparnos de que este ejercicio particular nos haya enfrentado a la exigencia de la interdisciplinariedad y que hayamos tenido rápidamente que desviarnos de una actitud psicoanálitica imaginaria "ortodoxa"? ¿O más bien debemos alegrarnos? Efectivamente, con estos pacientes estamos inmersos en problemas sociales, económicos y administrativos de todo índole. Negarse a escucharlos y tomarlos en cuenta, confiar estos problemas a un especialista de la precariedad social, manteniendo herméticamente los registros, tiene como único efecto quebrantar desde su raíz las posibilidades de enganche transferencial que sigue siendo el único motor de una posible re-subjetivación. Es decir que cuidar de los factores de precariedad ¡no es un obstáculo al objetivo psicoanalítico sino un elemento necesario de este! No hay contradicción alguna si el objetivo sigue claro: permitir que el sujeto acceda a la dimensión de su propio deseo, y si la posición del terapeuta también lo es: asumir la contradicción del analista, incluso en la incomodidad de estas situaciones atípicas. Bajo este principio y como se dijo anteriormente, es el conjunto de condiciones de posibilidad de la palabra y del deseo el que debe incentivar el psicoanalista y no puede esquivarles, salvo por ejemplo cuando se decreta ante una u otra situación socialmente complicada que no depende de un tratamiento sino de lo "social", o peor aún, que no merece el esfuerzo de que uno se interese por esta, puesto que el marco que permitiría que un día un trabajo de palabra pudiera realizarse es demasiado precario. Digamos que es en ese intervalo, el del "quizás un día", que puede cobijarse el objetivo analítico y el llamado "deseo del analista", dispuesto a aceptar por un tiempo indefinido, a veces largo, que se trabaja en los preliminares. Dispuesto a percibir que después de todo no se trata en uno u otro caso de psicoanálisis sino de un humilde progreso psicoterapéutico en la vía de un acceso más libre a la palabra. ¿Por qué diablos habrá que renegar los placeres preliminares bajo el motivo que hacemos análisis?
Conclusión: la red Respire
Para concluir, quisiera insistir sobre la situación particular de Estrasburgo. En efecto, a pesar de un contexto político general en realidad poco favorable, resultó que los responsables locales confiaron en nosotros y apoyaron esta iniciativa hace más de diez años. Para empezar el FAS, la Ciudad de Estrasburgo y el Consejo de Europa, sin los cuales el seminario "Psiquiatría, psicoterapia y cultura(s)" no hubiera podido ser llevado a cabo. Y luego, recientemente, el DRASS, la CPAM de Estrasburgo y otra vez el FAS permitieron gracias a sus financiamientos que se ponga en pie una extensión en red de esta práctica intercultural: la red RESPIRE, cuyo objetivo es por una parte diversificar los lugares de acogida y de escucha activa para las personas de origen extranjero y por otra parte facilitar una colaboración entre los múltiples actores (psiquiátras, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, asociaciones) que trabajan con estas comunidades. En efecto, la experiencia deja ver que cuando las situaciones son complejas, los actores se multiplican y que muy a menudo estas intervenciones se atomizan y pierden coherencia. La cuestión inicial del tema corre el riesgo de diluirse en esa multiplicación de intervenciones técnicas.
Sobre el plan de la organización de la ayuda psicológica de estas comunidades, el compromiso de muchos colegas en esta práctica ha permitido desde ya una amplia diversificación de los lugares de atención médica, prácticamente en todos los sectores de la psiquiatría. Los Hospitales Universitarios, tales como los Centros de Salud Mental de la región y sus CMP (Centros Médico-psicológicos) y los CMPP (Centros médico-psico-pedagógicos) apuestan y asumen este papel de utilidad pública, aceptando financiar la interpretación, indispensable en muchas situaciones.
Los lazos establecidos con numerosos servicios sociales y asociaciones permiten por otro lado una mejor coherencia en las acciones.
Todo esto desemboca en una situación que parece ser, según algunos responsables parisinos, una coordinación nacional de salud (por ejemplo para los solicitantes de asilo), lo que es bastante raro, o incluso único en Francia. Esto debe alentarnos para perseverar y proseguir con la exploración de esta combinación original entre la reflexión psicopatológica sin concesión y su aplicación (siempre arriesgada) en la planificación de las prácticas clínicas y sociales.
Sin embargo ¿deberíamos sorprendernos que en Estrasburgo, ciudad en el corazón de Europa y ciudad fronteriza, esta particular preocupación por las personas desplazadas tenga lugar? El atractivo que ejerce sobre los desafortunados del mundo no lo explica todo. ¿Alsacia no conoció acaso los tormentos de la colonización (aquí se habla de "anexión") y el éxodo? ¿No experimentó, a merced de una alternancia rápida, lo duro que es cuando una cultura y un idioma son aplastados? ¿O la memoria colectiva se recarga de pesados silencios? ¿No reivindica acaso su doble pertenencia cultural? ¿No conoce los peligros de las pasiones identitarias y las innumerosas figuras que penan el imaginario del Extranjero?

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[1] Fondos de acción social para las familias inmigrantes y sus familiares
[2] Los indeseables. La integración a la francesa
[3] Aproximadamente 11 millones de euros
[4] Aproximadamente 38 millones de euros
[5] Aproximadamente 192000 euros
[6] Aproximadamente 340 millones de euros
[7] Couverture maladie universelle: Cobertura universal de enfermedad
[8] Servicio de atención para el acceso a atención sanitaria